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miércoles, 29 de abril de 2015

121.

En mi libreta desgastada,
de lágrimas empapada,
se encontraba nuestra historia,
ya hecha escoria.

Arranqué las hojas,
dejé mi tinta mojar todo
para que así no se pudiera restaurar,
y así por fin olvidar.

Con las palabras sueltas que se vislumbraban
le escribí una canción al dolor.
Pero no era palabrerío vacío
como las que se escuchan en la radio.

Era más que una canción.
Era mi vida escrita en verso,
y la cual cuenta el proceso
de cómo llegaste a mí.

De cómo tiemblo 
al sentir que te pierdo.
De cómo me falta la respiración.
De cómo se está rompiendo esta unión.

De cómo nos mirábamos 
las noches de luna llena.
De los secretos,
que solo sabe ella.

Y todo a partir de palabras sueltas
extractos de ella,
nuestra historia
verdadera.

Sé que no me echas de menos.
Y que me apartas de ti
porque así todo duele menos
y no hay de qué arrepentirse.

Y por eso rajé las hojas,
para así no rozar mi piel con ellas
y hacerme así sangrar
hasta la vida inmortal.

Te dejaré ir si eso es lo que quieres,
solo te pido
que esta noche...
no me dejes caer.

Déjame mostrarte el vacío.
Mi vacío.
Lleno a la vez
de ti.








lunes, 27 de abril de 2015

120.

Hoy, me decidí a dejarte ir.
Tristemente vi
tu delicada figura fundirse
con los árboles del bosque triste.

Fui corriendo a casa
a llorarle a mi alma,
la cual estaba medio rota
como mis medias rojas.

Vino el demonio a visitarme
¡Sí, ese mismísimo miserable!
a regodearse de mi suerte,
a avisarme de mi tan próxima muerte.

«Dime, querida: ¿qué se siente al perderlo todo?»
me preguntaba,
mientras yo me secaba
todas y cada una de mis lágrimas.

«¡Dolor!
¡Amor!
¡Arrepentimiento!
¡Asquerosos sentimientos!»

Gritaba yo, deseosa de sacarme la espina,
de volver a ser aquella chiquilla
la cual no sabía nada
del amor sin medida.

Si es que a eso puede llamársele amor,
pues lo sufrido aflora mis dudas
sobre si mi querido corazón
no estaba a oscuras.

Quizá lo estaba y no pudo ver
aquella tragedia que se aproximaba
y tal vez por eso ella cada vez
más y más amaba.

Pensaba que ya había olvidado
lo que era darse de golpe y porrazo,
porque ya conocía tus brazos,
los cuales me protegían de los rayos.

Porque ahora las tormentas han vuelto,
y tú estás demasiado lejos.
Ya nada puede protegerme,
ya soy la dueña de este puente.

Caer.
Caer por el vacío,
fundirme con él un poquito.
Dejarme caer mientras no deje de llover.

«Amar es destruir,
y además ser amado es ser destruido.»
Ahora todo tenía sentido:
yo no debía amar.

lunes, 20 de abril de 2015

Ahogado entre notas y manchas de tinta.

Yo siempre fui de escribir a lápiz para así poder corregir mis errores y que estos pasaran desapercibidos. El bolígrafo era feo. Siempre había que escribir perfecto y si te equivocabas, o bien tachabas o vivías a base de tippex. Qué inventos más horribles. Siempre dejaban marca. 
Así estoy yo después de tantas experiencias. Soy una hoja de papel embadurnada de una mezcla entre borrones de goma, tinta y manchas blancas las cuales no conseguían pasar desapercibidas y que solo pretendían borrar los nombres de todas las catástrofes que han ocurrido a lo largo de los años. 
Los nombres de los seres que han provocado daños irrebocables en mi interior y en mi exterior. Todo está dañado. Viejos recuerdos y presencia de malas épocas invaden mi cabeza que, por suerte, son agua pasada. Pero a la vez esta está estancada, turbia, negra, maldita. Y ahí sigue mi mente, la causante de todos mis malos sueños. Y mi insomnio, el cual domina todas y cada una de mis noches. Y cómo olvidarnos de mi cuerpo, todo rasguñado y a la vez lleno de experiencia.
Me dijeron que la vida no sería fácil. Y yo lo sabía, intuía de sobra que nadie regalaría nada. Que tendría que sufrir y ganar todo aquello que deseara. Que habría personas que caerían a mi lado, otras que me intentarían hacer caer. A otras yo las echaría de mi lado. Otras vendrían a mí como si fuésemos imanes unidos por el destino, si es que esos cuentos de viejas existen.
No me importa vivir así. Tan solo quiero más hojas sobre las que escribir mis canciones, mi vida, y una guitarra para ponerles melodía y que así no se limiten a ser simples frases tristes pronunciadas por una voz quebrada. 

Firmado por: El muchacho que teñía de música todas y cada una de sus noches sin dormir. 

viernes, 17 de abril de 2015

118.

Porque error humano es
caer y caer
sobre la misma piedra 
una y otra vez.

Y error mío es amar
a personas por las que jamás
debería haberme dejado
engatusar.

La amistad, el amor,
lo pintan de un bonito color
que suavemente se ve teñido
de doloroso y profundo dolor.

Corazón blando,
mente débil,
y es que ya me cansé
de fingir.

Fingir que no duele,
callar y no oír,
dejarme dormir
por mi grave estado febril.

Hoy el médico vino a mi habitación
y me mandó pastillas.
Pastillas para arreglar mi mente
y así borrar mis pesadillas. 

"¿Y no hay algo contra la soledad?"
Le pregunté.
Él se rió, y me contestó:
"La única cura contra ella es dejarla atrás."

"Inviértete a ti, 
y ella se dará la vuelta.
Y solo así no te darás cuenta
de lo que sentís." sentenció.  




martes, 14 de abril de 2015

117.

¿Recuerdas cuando soñábamos con volar?
¿Cuando tú, pequeño y hermoso petirrojo
el cual quería alzar el vuelo
cantaba durante horas sobre su sueño
de levantar los pies del suelo?

¿Te recuerdas a ti batiendo los brazos
como si fueran alados, suaves y plumados?
Sonriéndole al viento, chillándole a la nada.
Con tus labios llenos de frío,
y de un hermoso color grana.

¿Te acuerdas de mí diciéndote loca, majareta y chalada?
Aunque todo significara lo mismo,
aunque todo careciera de sentido.
Porque lo que carece de sentido es lo realmente bonito,
y la locura en todo su esplendor lo es.

¿Conservas aún en tu memoria las noches de verano
hablándole a las estrellas,
esperando algún día ser amigas de ellas?
Mientras la Luna nos observaba,
celosa de su suerte.

¿Tienes aún ganas de volar?
Porque el viento hoy canta, los pájaros nos hablan.
¿Que qué dicen?
Dicen que echan de menos
nuestros infantiles sueños.

Así que agárrate fuerte,
despliega tus alas,
y déjate llevar por el viento.
Él te llevará a casa,
querido petirrojo.

lunes, 13 de abril de 2015

Duerme.

«Despierta, tiemblo al mirarte:
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo cuando tú duermes.

Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja un sol que muere.
“¡Duerme!”

Despierta miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida;
tranquilo fulgor vierten
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.
“¡Duerme!”

Despierta hablas, y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.

“¡Duerme!”» Rima XXVII, Gustavo Adolfo Bécquer.


Y plácidamente dormida te hallabas en aquella jaula de cristal que tú misma creaste. Tenías el pelo perfectamente alineado de tal forma que cuando despertaras de tu profundo sueño no te despertarías con tu melena alborotada, tu respiración elevaba tu pecho a la par del segundero del reloj, y tus labios rojo carmesí estaban ligeramente abiertos, esperando la llegada de alguien que los hiciera revivir.
Dulce cual niña, pálida cual cadáver, pero a la vez eras la estrella más brillante y hermosa de mi firmamento. E inaccesible como la más increíble de las famosas de ahora. Pero mucho más bella. Siempre más.
Desde fuera era tan agobiante observarte. Quería que me vieras. Que te levantaras y andases. Que me abrieses la puerta a ti. Que nos fundiésemos en un abrazo, como metales calientes en plena alineación. Que me miraras con esas piedras preciosas que tienes por ojos y acto seguido me dijeras que me habías echado de menos porque en tu sueño yo no existía. 
Quería que me susurrases al oído cosas que nadie más entendería. Quería quedarme contigo hablando durante horas. Quería, simplemente, que vinieras a mí. Que te dejaras de inseguridades, de miedos y recogerte entre mis brazos.
Porque todo demonio necesita un alma... Y yo te necesito a ti. 


Firmado por: Tu vidente translúcido.