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jueves, 31 de diciembre de 2015

Recuérdame.

Recuerdo la tarde de abril en la que nos abrazábamos tímidamente. El ambiente olía a primavera y tus besos sabían a rosas. Tus miradas me atravesaban de parte a parte mientras las yemas de tus dedos recorrían todas y cada una de mis aristas. Dulce polígono perfecto, me llamabas.
Me veías retorcerme y bajar miradas, oías cada una de las sílabas que formaban un "Te quiero" empañado en lágrimas y una sonrisa de creída felicidad, veías cómo me alzaba hasta el infinito para volverme a caer de nuevo.
Me tendías la mano y me ofrecías un pecho en el que llorar durante horas. Satisfacción y a la vez un dolor infinito. Una relación amor-odio sin futuro alguno. Unos meses de parada para este interminable viaje.
He de decir que siempre te agradeceré esta imperecedera experiencia. El hecho de que te lo llevaras todo con el propósito de que luchara para conseguirlo de nuevo; volver a nacer de entre las cenizas lo llaman también.
Y es que soy libre, poderosa y algo más fuerte. Ardiente llamarada en tus costillas de hielo y la voz que trona tus oídos en tus peores sueños. Las garras que dejan marcas en tu piel bronceada y las amargas lágrimas que encuentras aún a un lado de tu cama.
Quizá me equivoque. Total, todos lo hacemos. Pero es bonito pensar que un pedazo de ti me echa de menos después de tanto tiempo. Que no es poco. Son 270 días, 6480 horas, 194400 minutos y 69984000 segundos de los cuales tres cuartos me los pasaba evocando tu sonrisa en mi mente.
Recuerda los días de finales de enero (sí, aquellos en los que nuestros labios coincidieron por primera vez), las tardes de mayo en nuestro escondite y las noches de agosto deambulando por las calles a mi lado. Las caricias de terciopelo y los besos a trompicones. Mis escapadas por verte. Los piropos cutres que tanto nos hacían reír. Las horas que pasaba viéndote tocar las canciones que tanto te caracterizaban, aquellas que aún retumban por las paredes de mi habitación clavándome puñales en vez de notas musicales.
Recuérdame. No digo que me quieras, sé que nunca lo has hecho.
Pero acuérdate de mí.
Porque yo me acuerdo (y me acordaré mucho tiempo, por desgracia) de ti.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Metamorfosis divina.

¿Y aún te preguntas qué es lo que quiero?
Quiero volar, tocar el Sol con los dedos,
abrasarme con su calor un poquito
y volver a la realidad.

Con los ojos vendados 

y un poder indefinido 
voy lanzando rayos
a ver si así ya de ti me olvido.

Es bonito creerse dios por un momento

y pensar que puedes controlarlo todo
con tan solo un parpadeo,
con un pensamiento en tu mente. 

¿Y qué me dices? ¿Qué quieres?

¿Ser feliz pero vivir en un engaño
o enfrentarte a la realidad 
y solo ser feliz con suerte una vez al año?

A esta diosa que aquí veis una vez la condenaron

a una vida que ni ella misma eligió,
creando de esta manera
el mismo diluvio universal. 

Las lágrimas se hicieron mar

y ahora sus rayos se hacen furia
y ahora su frustración se hace escrito
y ahora, y ahora...

Ahora... Ahora ha vuelto. 

Con más cicatrices sobre su piel
y canciones amargas que llorar. 
Pero ha venido para quedarse. 
He venido para quedarme. 

Una metamorfosis inesperada para ti,

pero es dulce gloria divina para mí.
Ahora soy yo quien manda.
Ahora eres tú quien llora.