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martes, 31 de enero de 2017

Melodía en si ♭ .

Veo cómo te alzas en el ángulo oscuro de la habitación, 
mientras viajas hacia otra dimensión
en la máquina del tiempo que es tu mente,
presa de un monstruo demente.


Con la punta de los dedos rozo tu cabello,

teñido de blanco a causa del desgaste del tiempo,
tembloroso y jadeante,
tímido como cuando el sol nace.


Quiero crear magia en tus pupilas,

alterar las leyes de la Física.
Hacerte olvidar acerca de la gravedad
y hacerte nadar en mi subjetividad.


Te amo como un niño ama la Navidad,

como el que disfruta una canción en la más íntima soledad,
como el muerto ama la vida
y el fuego a la ceniza.


Pero no quiero entablar palabra,

quiero disfrutar del silencio que nos regala
este momento de vacilación
entre si hacer o no mi confesión.


Te he echado de menos.

Tu dulce y hábil despertar 
después de todo este tiempo
me ha dado mucho que valorar.


La sombra de tu figura

que se desdibuja
dejando miles de réplicas
de las cuales tú eres la auténtica.


Quiero.

Quiero tocarte.
Quiero hacerte gemir
y que esta oscura melodía sea lo último que escuche.


Me acerco lentamente a la esquina,

donde tú te hallas recogida.
Te cojo suavemente,
déjandome llevar por el sábado hiriente.


Una melodía en si bemol

es lo que he acabado interpretando gracias a tu amor.
Qué ingenuo fuiste
al pensar que hablaba de una mujer.


Cuando la única que tiene a mi corazón cautivo

es la música.


sábado, 7 de enero de 2017

La Quinta del Sordo.




Blanco, negro, rojo. Escarcha, frío y oscuridad. Un llanto inaudible y una canción en la enredadera de mi mente. Paredes embadurnadas a pinceladas rápidas, a latidos lentos, sacando a la luz a los monstruos de mi interior mientras respiro la humedad que se crea con la pintura a medio secar.
Esa es mi batalla cada día. Mi inconsciente contra mí. Qué irónico, ¿no? Un pobre pintor como yo, aislado en una cámara de cristal, sin amor y (casi) muerto contra tales figuras. 

Son mil. Carecen de color y nunca se dejan ver. Se expanden por todas las dimensiones de mi cuarto, devorando mis miedos y transformándolos en fobias. Me dan la mano a veces y me teletransportan al pasado, donde yo aún sentía y donde mis lágrimas no eran los puñales que utilizo para arañar mi corazón.
No estoy loco, lo juro. Además, loco es una palabra demasiado grande para definirme. Llamémoslo quizá... Transtornado. Perturbado. Desdeñoso. Huraño. Herido. Guerrero. Surrealista. Crítico. Artista. Pintor. O mejor... llámame Francisco de Goya y Lucientes, que es como me llaman todos, menos yo.
Para mí siempre seré El Sordo. Y esta es mi quinta, mi refugio. Mi atmósfera intacta a las armas del ser humano. O mejor dicho... del animal que reniega ser. Me hace gracia. Se cree lógico y racional, cuando es el único capaz de crear un mundo paralelo con tan solo cerrar los ojos.
Justo como yo.