Letal archienemigo del ser humano y mejor aliado de la muerte.
Maneja los hilos a nuestra costa y se mofa de nuestra desgracia.
Dibuja surcos en el mundo, declarando ya su vejez.
Nos ha hemos agotado.
Acabaremos siendo simple polvo gracias a su conjuro.
Ríe, mientras se retuerce en su jaula de cristal.
Le gusta ver el gesto de demacración impreso en la sociedad.
Los niños ya no ríen en el parque y se esconden bajo cuatro paredes.
Los ojos de los adultos dejan de brillar lentamente.
El cielo se ve invadido por el humo.
Y llora a su vez lágrimas cargadas de acidez.
Pero vivimos con los ojos vendados y nos creemos vivos solo porque escuchamos a los pájaros silbar.
Quizá necesitemos, eso. Tiempo.