.

.

miércoles, 26 de agosto de 2015

133.

Encerrada en una caja vacía,
donde he perdido la noción de la noche y el día. 
Sumergida en este estado de asfixia inminente, 
en el que late mi corazón y pierdo la mente. 

La caja la construí yo misma, 

está hecha a mi justa medida. 
No hay entrada, tampoco salida. 
Se va cerrando, y yo acabaré comprimida. 

Y grito, chillo y me retuerzo, 

pero nadie parece ver mi esfuerzo. 
Que me cuesta respirar aquí dentro,
y tengo miedo de que aquí se halle mi cuerpo muerto. 

Parece que se acerca mi final inexorablemente, 

todo muy lentamente. 
Arduamente. 
Dolorosamente. 

Pero siento el crujir de mis tejidos, 

y hasta se pueden percibir todos y cada uno de mis quejidos 
a través de esta oscura guarida, 
creada a partir de todas y cada una de mis heridas. 

Voy perdiendo esta partida de ajedrez.

Admito que nunca se me dio del todo bien. 
Ella hizo jaque mate otra vez. 
Volví a ahogarme en el agua como un pez. 

Nada va como debería,

ya que tengo que encontrar una salida. 
¿Pero cómo puedo escapar 
de esta opresión llena de maldad?

Todo perdió sentido. 

He venido y me he ido. 
La caja ha dejado de estar vacía. 
Y ya por fin he descubierto que es de día. 

lunes, 17 de agosto de 2015

El día que te conocí.

Sonrisas vacías. Bromas sin sentido alguno. Un favor a una amiga que nunca valoró. Esa noche sería algo más que un fantasma, me lo propuse. Y lo conseguí.
Mi vestido favorito color amarillo limón, deslumbrante como los rayos del mismísimo Sol. Tacones de infarto (o tal vez no para tanto). Chaqueta de cuero sobre mis hombros. Labios rojo carmesí.
Por primera vez sentí que quería comerme el mundo en aquel sitio. Me sentía segura, alegre, viva. Nada podía pararme. Salvo el golpe que me di con la realidad un poco después.
Estaba en una fiesta. Todo era alcohol, besos y bailes repugnantes. Pero la música estaba bien. Ella me cogió de la mano y me sacó de mi rutina, de mi imagen de chica tímida a la que le da miedo el mundo. Me lo pasé bien. Bailé. Salté. Reí. Disfruté siendo yo misma, suceso inesperado.
Pero todo acabó. Me sentí insatisfecha, como agobiada. Diferente a todos los seres vivientes reunidos en aquel lugar. Despedí a mi amiga, y el destino me condujo al lugar en el que nos conocimos.
Café, alcohol y tabaco entremezclado, creando una sensación de genuina familiaridad en mí. Rock entrando por mis oídos y un billar. 
Entre unas treinta personas que había allí, acabamos coincidiendo. No me gustaba el billar. Tú estabas sentado y me observabas con esa mirada inescrutable la cual se me ha clavado en la memoria para el resto de mi vida. 
Eramos extraños, pero extraños que se conocían demasiado bien. Pusiste las cartas sobre la mesa, y me hiciste sentir una niña pequeña con todos tus trucos. ¡Aún recuerdo aquel truco que me enseñaste y que yo hice tan mal! 
Me hiciste estar como en casa pero sin estarlo. Una conversación fluida y cómoda. Una conversación que me llenaba más que el humo que allí se respiraba, causante de que te viera quizá en otra dimensión.
Volví a ser yo misma, dejándome de barreras. Te abrí el peaje sin pagar, cosa de la que no me arrepiento, ya que esto que ese día comenzó fue el que me condujo a un estado de nirvana permanente siempre que nuestras miradas se entrecruzaban.
También esto fue lo que me llevó a la locura. Mi locura por no poder entenderte ni entenderme. Por quererte. Porque tú eras una mente prodigiosa escondida en un cuerpo que hasta se le quedaba pequeño y yo una mente polivalente incrustrada en la cabeza de una adolescente.
Porque ese fue el comienzo de nuestra historia, a la cual te empeñaste poner un punto y final, cuando lo que necesito para no expirar es ponerle un punto y coma a la última frase para no acabar el libro.
Pero no te preocupes... Guardaré esto como si fuese una dádiva de Dios, a la espera de me regale algo más que equilibre la balanza con este dolor insoportable ahora que tantas cosas parecen haber acabado y este solo es uno de esos recuerdos que deambulan por mi mente, haciéndome sentir miserable por todos los errores que después de este encuentro cometí. Porque quizá será que no estábamos destinados y mi error ha sido creerlo hasta desfallecer. 
Perdóname... Y empecemos de cero. 


domingo, 9 de agosto de 2015

131.

Y es que preferiría que me quitaran la razón
a que me quitaran los sentidos. 
Por eso quizá hace tanto tiempo
que no sé qué es de mí. 

Pero es que yo no puedo vivir sin ver 

la luz del sol reflejada sobre ti cada mañana, 
sin sentir el dulce contacto que provoca tu voz 
cuando pasa a través de mi oído.

No puedo vivir sin apreciar el arte de tus manos

surcando el mar de defectos que es mi cuerpo, 
sin tus labios sobre los míos 
en ese baile infernal que es un beso. 

Que si me quitan eso, me quedo débil

cual niño indefenso al que le hacen daño 
con solo rozándole un poco. 
Pues algo así. 

Y es que necesito absorber la energía

que desprende el universo. 
Que necesito sentirte de todas las maneras posibles. 
Que necesito esto para seguir respirando. 

Mi mente da igual cuando tenerte 

de todas las maneras posibles es real. 
¿Lo entiendes ya por fin? 
¿Sí? Pues ven y abrázame. Dame la vida.