Me pregunto qué piensas cada vez que nos abrazamos. Qué ves en mí cada vez que me observas con esa mirada tan indescifrable. Qué significa esa sonrisa que siempre esbozas cuando te lo pregunto y esa carcajada que siempre sueltas después.
Has sido, eres y serás la persona que siempre se me escapa. La única persona a la cual no soy capaz de vencer las barreras de su mente y percibir todo lo que pasa más allá de esa máscara que sueles llevar. Porque todo en ti son máscaras, todo en ti son barreras. Tu mecanismo de autodefensa es increíble, vaya y que sí.
Y por eso me atraes. Porque me gustan los retos. Me gusta no saber nada de ti aunque puede que en el fondo lo sepa todo y no me de cuenta. Porque todo en nuestra relación es un saber y no saber. Un quizás y un después. Un pensar y un llover de preguntas.
"¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Qué piensas? ¿Qué te aflije? ¿Qué te hace sonreír? ¿Con qué sueñas? ¿Qué esperas? ¿Por qué?" Son ocho de todo el millar de preguntas que me hago casi todos los días al verte. Porque callas más que sientes, querido. Y tan solo quiero que extiendas la mano y me la des. Que la sujetes con fuerza, que no la sueltes. Porque pude haberte dejado caer un instante, pero de los errores se aprende, y yo aprendí de una buena caída. Por eso estoy sangrando todavía.
Pero no hay herida que no sane, y la fuerza del pasado y el presente lograrán dejarme intacta. Y espero que así también nuestro lazo.
Esa extraña conexión que nos une, más allá de todas las tormentas que ha habido entre nosotros. Más allá de todo el dolor, decepción y desesperación que hayamos podido sentir.
Por eso te pido esta fría noche en la que ambos tiritamos de frío y nos buscamos, que me respondas a una de todas mis preguntas. Es simple depende de cómo lo mires. Solo es decirme en qué estás pensando ahora mismo, mientras intentas explorar mi mente a pesar de que yo intente levantar una barrera. Ambos sabemos que ganarás, pero yo aún quiero una respuesta. Sé franco, no me engañes. Sé transparente, sé puro. Justo como yo, ahora que te estoy abriendo mi corazón.
Sé que la respuesta puede que no sea la que me espero, así que toma bolígrafo y papel y escríbelo. Escríbeme. Porque matarse a tinta negra no duele tanto como matarse a susurros.