.

.

martes, 29 de julio de 2014

94.

Y me volví loca de tanto verte, quererte y desearte. Pero muy muy muy loca. Tanto se me fue la cabeza que no sabía qué hacía. Tanto perdí el juicio que no veía nada más aparte de ti y empecé a tatuarme tus ojos, para no olvidarlos, a grabarme tus palabras, para tenerlas siempre presentes. Y solo mi piel era el único testigo de aquel asesinato. Aquel asesinato que tú mismo provocaste.
Y es que tú eras las balas y yo el objetivo, y así nadie se salva. ¿Pero es que quién no moriría teniéndote cerca? Tus ojos, tu voz, tu olor, todo es una droga para cualquier ser débil como yo. 
Explícame qué puedo hacer yo frente a ti. Frente a tus bonitas palabras, las bromas que te gastas, las sonrisas que me sacas. Dímelo, por favor. Porque si no me das la clave para destruirte y sacarte de mí no voy a conseguir hacerlo. 
Porque es tanto lo que te quiero, lo que te adoro, lo que te necesito, que sería capaz de dejarlo todo por mí si tú me lo pidieras. Absolutamente todo.
Y esto si no es amor, entonces no sé lo que es.
Por eso te pido que me lo cuentes. O que me ames, que tampoco vendría mal. 

lunes, 28 de julio de 2014

93

Eres como aquel último cigarro,
que poco a poco se me escapaba de las manos,
quemándose, consumiéndose,
apagándose.

Y es que es así como te veo,

como algo que tenía y 
que con el tiempo 
ha ido desapareciendo.

En realidad nunca te he tenido,

pero sé que en mis sueños 
siempre has sido mío, 
pero eran solo eso. Sueños.

Sueños que nunca se cumplirán,

ya que es como desear 
que no se acabe tu cigarro
que ya está a medio acabar. 

En todo este tiempo habré tenido

mil y un sueños de distinto tipo.
Sueños en los que reías conmigo,
en los que hasta dormías conmigo. 

Y es por eso que prefiero la imaginación

antes que ser presa de la tentación
y acabar haciendo cosas
que pueden ser horrorosas.

Yo solo quería dejarme de sueños,

pero ya nada de eso,
porque sé el nombre de la dueña
de tu alma, de tu corazón.

Y si es lo que quieres 

aquí estaré, 
queriéndote, deseándote,
amándote.

Porque soy tonta, 

una tonta que te ama,
y que sería de tragar cientos de cuchillas
con tal de verte esbozar una sonrisa.

Pero nunca sabrás esto, 

que es mi gran secreto, 
y es mejor así,
tanto para mí como para ti.

Es mejor que los únicos videntes de mis pesadillas

sean mis cigarrillos y mi almohada,
la música y las sábanas,
mis nudos en la garganta.




viernes, 25 de julio de 2014

92.

Es tan bonito perderme en tu mirada, 
y que no dejes que me funda con la nada.
Es tan bonito quererte,
pero tan arriesgado es perderte. 

Tan difícil que es para mí decirte
que tú eres el que me alegras los días tristes
con solo una risa, con una broma,
con una sonrisa entre toma y toma.

Pero más difícil es pedirle a un Dios
que haga un milagro para que me quieras
tanto o muchísimo más
de lo que te estoy queriendo yo.

Y es que con cada día que pasa mi corazón
va abriendo más y más su frío caparazón,
dejándote entrar, doliéndome,
hiriéndome, desangrándome.

Tenían razón aquellos que dicen que el amor 
no es tan fácil como pensamos, que 
es un juego que gana aquella persona
con más coraje y valor.

Deja de clavarme tu sonrisa,
deja de atronarme con tu risa,
deja de intentar matarme con tu mirada
porque entonces ya no soy nada.

Haces que no me salgan las palabras,
que tímidamente te baje las miradas,
que mi corazón se acelere, 
abriéndose al cierre.

Invades cada uno de mis sueños,
mis pensamientos, mis miedos,
mis inseguridades, mis locuras.
Lo invades todo, y todo curas.

Pero mi corazón sigue sangrando,
cada día te sigue llamando,
porque yo sigo necesitando,
todos y cada uno de tus abrazos.

Necesito tu calor, y ojalá tú necesitaras mi frío,
para quedarnos a temperatura ambiente,
para dejar de ser solo un vaso vacío
que necesita tener a alguien pendiente.

Porque necesitamos ser repuestos, 
ya sean con armas o refuerzos,
porque una batalla hay en nuestro interior,
aunque los motivos no sean los mismos.

Porque en el fondo te necesito,
y espero que tú me necesites,
porque yo ya no puedo,
porque ya demasiado te quiero.


lunes, 21 de julio de 2014

91

Tantas son las veces
que mi mente ha intentado
convencerse de que no,
que tus ojos no son de fiar.

Y es que son tan azules,
tan eléctricos, tan magnéticos,
que me llevan hasta ti,
y yo no, no puedo luchar contra esto.

No puedo luchar contra ti,
contra tu sonrisa perfecta,
tu pelo, tu olor,
tu sabor, tu voz.

Porque siempre ganas,
porque siempre pierdo,
porque siempre puedes,
y yo no puedo.

Quiero que me quieras
tanto como yo.
Quiero que tu corazón lata por mí
como hago yo.

Quiero sentir una mirada
llena de amor en tus ojos,
en vez de una mirada
tan fría como una noche de invierno.

Seguro que no soy la única
que te dice que daría
todo lo que fuera
por morirse en tus labios.

O por morirse
en tu cálido abrazo,
ya que no me importaría tu calor,
ya sea invierno o verano.

O por morirse
intentando llegar hasta ti,
como me pasará a mí
como esto siga así.

Y es que no sé qué hacer ya
para que dejes de romper mis esquemas
cada vez que hablas,
cada vez que callas.

Una parte de mí quiere
que desaparezcas,
que te vayas,
que te fundas con la nada.

Todo para que mi corazón
empiece a sanar, porque
las heridas que causas, querido,
no son fáciles de curar.

Pero la otra quiere
que te quedes,
para demostrarle a mi cabeza
que en el fondo no hieres.

Porque mi hélido corazón
necesita algo que lo haga prender,
algo que lo haga arder,
y ese eres tú.

No te estoy pidiendo que me ames,
solo te estoy pidiendo que no me mates,
porque eso es lo que haces
y haces que todo en mí cambie.

Solo te pido que hagas algo
que des tú el primer paso,
que dejes de dolerme,
que dejes de herirme.


Solo eso.



lunes, 14 de julio de 2014

90.

Aquella noche no quería dormir. Debía seguir despierta o si no vendrían a por mí. ¿Qué quiénes vendrían? No es desde luego ni el "Coco" ni "Jeff the killer" a perturbarme o a matarme, en el peor de los casos. Eras tú con tu recuerdos, tan presentes y nítidos que a veces me he preguntado si aún seguías aquí y no estabas en el mundo paralelo en el que se encuentran todos al morir hasta pagar por sus pecados cometidos en vida, bien llamado el purgatorio. Porque el cielo no es para todos, y aunque fuiste maravilloso hay cosas de las que nadie se libra.
Al final me dormí, entre pensamiento y pensamiento, y una parte de mí se quejó por mi gran debilidad. Pero no me arrepiento, porque te conseguí ver.
Estabas ahí, delante de mí, mirándome fijamente. Vestías con aquella chaqueta con la cual todos te identificábamos y tu media sonrisa que era capaz de mover medio mundo, y la cual siempre llevabas puesta. Era como si realmente nada hubiese cambiado.

— Quédate. — supliqué. Sabía que se iría en cualquier momento y mi corazón sangraba por ello.

Él no respondió. Se quedó callado, mientras nuestro juego de miradas continuaba y él se iba acercando a la cama lentamente. Dejó de acercarse cuando se encontraba a unos escasos centímetros de mí y me tendió la mano. Dudé unos instantes, pero acabé por extender la mía también.
Vacío. Eso fue lo que mi mano tocó. Presa del pánico empecé a agitarla, aún sabiendo que él no estaba allí ya.

Fue en ese momento en el que desperté, con lágrimas en los ojos, la respiración entrecortada y el sudor empapando mi cuerpo por completo. Ya no solo me dejabas en vida, si no que ya también me dejabas en sueños. Y eso me rompía el corazón más que el hecho de que ya no estuvieras en el mismo mundo que yo.


martes, 8 de julio de 2014

You make me weak.

Me preguntaba si se podría llegar a morir de amor o si todo aquello que contaban eran meras patrañas que se había inventado la gente para dar una forma de morir totalmente innovadora y perfecta para cualquier historia de amor. Y al final el mundo acabó dándome una respuesta, que ahora mismo desearía no haber conocido.
Cuando decían que el amor es una droga, decían la verdad. Lo es porque actúa como ellas; nos ponen a cien, o a dos mil por hora, pero al cabo de un rato la velocidad disminuye, llevándose así toda la euforia que nos dan la mayoría de las veces, destrozando todo lo que nos rodea, destrozándonos a nosotros mismos.
Me acuerdo perfectamente de tus ojos. Eran de un color poco convencional, ya que a algunas veces eran marrones y otras verdes, y eso es lo que te hacía más especial de lo que ya eras. De tu sonrisa, tan bien construida que mentiría si no dijera que era perfecta, incomparable, única. De tu pelo, negro como el ala de un cuervo, enmarañado y poco cuidado, que a pesar de todo a mí tanto me gustaba. Y cómo no de tus ropas llenas de girones que te daban esas pintas de vagabundo que, de alguna manera, me llamaban mucho la atención.
No eras el típico adolescente, que te encandila para quitarte la ropa. No. Tú, tu constancia, tu mirada llena de amor, tus gestos, las peleas que ganaste para intentar alejar de mí a todo aquel que me hacía daño, me demostraron que no, que no eras como los demás. Y por eso me gustabas. Y por eso intentaba alejarte, para no hacerte más daño.
Pero me costaba estar sin ti, intentando darte celos, intentando mil y una cosa para que me olvidaras, pero ahí seguías tú, dispuesto a mover cielo y tierra por mí. 
No pude resistir más. Caí en tus redes, y en parte no me arrepiento de aquello. Pasé contigo los amaneceres, las mañanas, los mediodías, las tardes y las madrugadas más bonitas de mi vida. Era realmente feliz contigo, y te lo digo ahora porque nunca te lo dije, porque sabes que soy de pocas palabras y muchas acciones.
Todo fue como siempre había soñado, hasta que empecé a oír voces en mi cabeza. Ellos, estaban allí, y me consumían. Y ellos fueron los que hacían que me alejase de ti, poco a poco. 
Pero tú estabas allí dispuesto a combatir a todos mis monstruos, cuando no sabías que ellos habían sido creados por tu amor. Y por eso cada vez era más débil, hasta el límite de querer desaparecer, sin más.
Y ya no fuiste tú el que pudo ayudarme. Fue otro, un hombre con la capacidad de eliminar de mi mente todo lo que ocurría. Y le hiciste frente también a las murallas que creó en mi mente y que me alejaban de todos los recuerdos de lo que había vivido.
Y esta fue la única pelea que perdiste, porque este hombre era más despiadado y astuto de lo que te podías imaginar. Te enfrentaste por mí, por el amor que sentías, otra vez más y créeme que tu recuerdo estará siempre presente. Porque fuiste tú el que me demostró que sí se podía morir por amor y que no todas las historias tienen un final feliz.
Ahora me encuentro delante de ti, espero, escribiéndote esto, porque sé que no seré capaz de contar todo esto en voz alta nunca. Porque tú ahora estás tan muerto y yo tan viva, que deseo con toda mi alma marchita que fuera al revés. Porque el mundo no me necesita, pero a ti sin embargo sí porque haces de él un lugar más bonito para todos los que te rodean. Justamente como tú lo hacías para mí.