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miércoles, 29 de julio de 2015

130.

Y sentí cómo todo el dolor desaparecía. Cómo un estado de felicidad aparente teñía todas las paredes de mi alma, reemplazando el gris por un verde esmeralda. El color de la esperanza y a la vez mi favorito.
Por primera vez podía decir que estaba bien. Ya no sentía ganas de estallar a cada segundo que pasaba y de arrancarme desesperadamente la piel a tiras; todo parecía haberse ido.
Sonreía a todas horas y mis ojos parecían brillar con una luz nueva. Ya nada me afectaba mientras tuviera tus manos en las mías y tus ojos velándome cada madrugada. Bailaba al son de tus palabras y me paraba en tu pecho para oír el ritmo que llevaba tu corazón, el verdadero músico que llevabas dentro.
Algo en mí me decía que había encontrado lo que siempre necesité... Tonta de mí fui al pensar que se trataba de algo material y no de una persona. Y ahora lo veo con toda claridad.
Siempre necesité a alguien... Unos brazos que me frenaran al caer, una mente que me enseñara a caminar por la vida y la voz de la experiencia. Todo para aprender a vivir esta vida que tantas cosas me está dando.

martes, 21 de julio de 2015

129.

Otra vez me deslizaba por las cuerdas de mi arpa, bailando con el vaivén del columpio en ese alba inmortal. Me preguntaba qué pasaba realmente por mi cabeza, pues ni yo misma acertaba a adivinar. 
El movimiento de mis dedos era instantáneo; la melodía, amarga; y mi voz cantando, pura oscuridad transformada en sonido. 
La vida se escapaba ante mis ojos y yo no alcanzaba a verla. ¿Tan rápido se esfuma todo? ¿Los recuerdos, las personas, tú mismo? Estaba incrédula. Me negaba a creerlo. 
Y es por eso que me dejé llevar. Me abandoné a la música, ya que ella nunca me hacía daño. Ella, con su dulce tacto, me recogía entre sus brazos y no me soltaba, alejándome así de todo el sufrimiento del mundo exterior. 
Cierto es que ya no me quedaba nada salvo ella. Y mientras pudiera escucharla, lucharía. Lucharía contra mis miedos e inseguridades, contra las personas que nunca me quisieron, contra el destino que pronto caerá sobre mí. 
Pero oh, querida mía. Qué feliz era en ese momento en el que te daba forma con mis manos y dejaba que te fundieras con el silencio de aquel laberinto en el que me hallaba, buscando a la anterior razón de mi existencia. 
Era un cuerpo distinto al mío, capaz de crear con las mismas cuerdas pasiones en los corazones de hasta los mismísimos demonios. 
Era un ser que se llevó una parte de mí, y que siempre quise recuperar. 
Por eso, música mía, no me dejes nunca. Como hicieron mi mente y mi razón hace tanto tiempo cuando el dolor vino a mí.
Tú eras y eres lo único que me hará volver de este viaje sin retorno, el cual me llevó a lugares que nunca se deberían nombrar. 

viernes, 17 de julio de 2015

A tres centímetros del Sol.

Era como el polvo que hay en el aire, fundiéndose con él y nadando con la nada. Como la última gota de aquella copa que rompiste al mirarme, al igual que mi corazón. Como la carta que nunca te mandé y acabé quemando junto con mi alma marchita. 
Algunas veces hay que aprender a vivir con el dolor. Aprender a ver que las cosas del corazón... mejor dejarlas ahí. Que no pasen al torrente de destrucción que es la mente. Porque ella se encargará de destrozarlo todo, incluida ella misma. 
¿Y por qué yo no aprendí, vida mía? ¿Por qué no fui capaz de conservar todo intacto? ¿Por qué la vida es un ir y no venir, girar o ir en una recta a toda velocidad, una montaña rusa? 
Me deshice entre las lágrimas heladas que desprendían mis ojos al mirarte. Lágrimas que quemaban más que si estuvieras a tres centímetros del Sol. O quizás dos. O uno. O rozándolo mismamente. 
Era como abrazar a la muerte y vivir muerta. Llorar internamente debido a que tu alma está rota. 
No era nada y a la vez lo era todo. Ya nada valía sin ti. 

jueves, 2 de julio de 2015

127.

Y nos preguntábamos qué fue lo que nos mató. Aquello que dejó nuestros cuerpos sin propulsores fueron las voces que anidaban bajo nuestras camas, buscándonos cada noche. Fueron ellos diciendo "Ya no más.", deseosos de cumplir sus objetivos. 
Bien, pues ganaron. Te arrancaron la cordura una noche, y te fundiste con las sombras, tu ahora rincón favorito. Desde ahí, ser sin corazón, vivo pero a la vez muerto, libre pero a la vez condenado, me observas con esa mirada tuya que siempre te ha caracterizado.
Yo también estoy muerto, recuerda. Pero no fue por su culpa. Ellos no consiguieron tenerme. Morí por ti. Porque tú lo hiciste antes, y me abandonaste en esta celda oscura de la cual yo no soy capaz de salir. No encuentro una llave, o quizá más bien un arma, para abrir la puerta y salir para poder recuperar tu corazón y el mío y así poder vivir. 
Querida, encuéntrate entre la oscuridad, yo sé que puedes. Quítate las cadenas. Aléjalos de ti, solo contaminan el oxígeno que tanto necesitarás respirar cuando seas mía de nuevo. Saca los recuerdos bonitos de tu pasado, y bombardéalos con ellos. Los demonios no son a prueba de la felicidad. Recuerda las sonrisas que nos dedicábamos cada mañana, los abrazos infinitos y las palabras directas del corazón. Házselo saber.
Olvida todas las mentiras que te dicen. Cierto es que pronuncié palabras, pero fue para nuestra propia supervivencia. Ahora vivo (y a la vez muero) en este error cometido. ¿Cómo puedo volver al pasado y rehacerlo todo? ¿Cómo puedo conseguir que vuelvas a mis brazos, temerosa y confundida (pero a la vez más bella que ninguna) antes de desaparezcas con la nada?
Decían que las palabras se las lleva el viento... Pues yo quiero un huracán que lo arrastre todo y te deje de nuevo a mi lado. Viva, y con un corazón reconstruido. Como siempre debiste estar.