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martes, 14 de febrero de 2017

Amante.

A mi única amante sonora:
Supuestamente escribir una carta el día de San Valentín suele ser para profesar mi amor hacia algo, pero el dilema aparece cuando aparecen en mi cabeza miles de cosas a las que quiero. Pero si rasgas un poco más en mi interior y me preguntas que quién me ha aportado eso… Eres tú.
Mi compañera de confusiones, angustias, tristeza y la más absoluta desesperación. Amiga  siempre fiel a mi llamada de auxilio, pues siempre apareces al instante con el mensaje idóneo o la melodía exacta, calmando la marea generada por mi colapsada mente y mi turbio corazón. Solo apretado un botón y subiendo el volumen consigues hacerme flotar, sumiéndome en un trance del cual ojalá nunca llegara a salir.
Sí, sé que la música no es algo físico propiamente dicho si lo miramos con los ojos del ajeno, pero para los ojos del artista es diferente. Es un lenguaje universal y refugio del alma colectiva. El cauce idóneo en el que verter un pedacito de nosotros sin el miedo al qué dirán. Para gritarle al mundo y decirle que todos tenemos alma, y que en el fondo estamos algo rotos.
Por eso, este día te lo dedico a ti. Por estar desde el minuto uno en esta canción que durará muchos años más gracias a tu apoyo incondicional. Porque amo el potencial que posees para levantarme del suelo y darme el coraje y la valentía necesarias para luchar contra los monstruos del universo (y los míos propios) y salir victoriosa batalla tras batalla. Tu capacidad de cerrarme las heridas con tan solo una nota.
Gracias por darme una vez más otra oportunidad, por tu calidez ante el frío que mi ser desprende últimamente. Espero que tu legado siga siendo eterno en mi alma y el de aquel que se atreva a amarte a rabiar, justo como yo, que apostaría que somos más de uno.

Firmado por: una muchacha que se siente como Don Quijote librando su batalla contra los molinos de viento.