A
mi única amante sonora:
Supuestamente escribir una carta el
día de San Valentín suele ser para profesar mi amor hacia algo, pero el dilema
aparece cuando aparecen en mi cabeza miles de cosas a las que quiero. Pero si
rasgas un poco más en mi interior y me preguntas que quién me ha aportado eso…
Eres tú.
Mi compañera de confusiones,
angustias, tristeza y la más absoluta desesperación. Amiga siempre fiel a mi llamada de auxilio, pues
siempre apareces al instante con el mensaje idóneo o la melodía exacta,
calmando la marea generada por mi colapsada mente y mi turbio corazón. Solo
apretado un botón y subiendo el volumen consigues hacerme flotar, sumiéndome en
un trance del cual ojalá nunca llegara a salir.
Sí, sé que la música no es algo
físico propiamente dicho si lo miramos con los ojos del ajeno, pero para los
ojos del artista es diferente. Es un lenguaje universal y refugio del alma
colectiva. El cauce idóneo en el que verter un pedacito de nosotros sin el miedo
al qué dirán. Para gritarle al mundo y decirle que todos tenemos alma, y que en
el fondo estamos algo rotos.
Por eso, este día te lo dedico a
ti. Por estar desde el minuto uno en esta canción que durará muchos años más
gracias a tu apoyo incondicional. Porque amo el potencial que posees para
levantarme del suelo y darme el coraje y la valentía necesarias para luchar
contra los monstruos del universo (y los míos propios) y salir victoriosa
batalla tras batalla. Tu capacidad de cerrarme las heridas con tan solo una
nota.
Gracias por darme una vez más otra
oportunidad, por tu calidez ante el frío que mi ser desprende últimamente.
Espero que tu legado siga siendo eterno en mi alma y el de aquel que se atreva
a amarte a rabiar, justo como yo, que apostaría que somos más de uno.
Firmado
por: una muchacha que se siente como Don Quijote librando su batalla contra los
molinos de viento.
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