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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Confesiones.

Me perdí en la enredadera de tu pelo.
Mi corazón latía a destiempo.
Sentía cómo la vida se escapaba de mis manos
y tan solo podía dejarme llevar.


Recorrí cada uno de los lugares de tu cintura

a pesar de que tenía miedo a las alturas.
Pero quedé embaucado por tu sonrisa,
quedé congelado entre tus risas. 


Estaba en stand by

con una voz en off que me repetía
que quería que volvieras,
que te dejaras de tonterías y me quisieras.


Porque mi alma era carbón ardiendo,

todo oscuro, fuego lento.
Estaba en plena revolución.


Quería de nuevo a tus lunares.

Aquellos que describían constelaciones
en el lienzo que es tu piel. 


Queria hablar, quería gritar.

Porque estaba amordazado,
atado de pies y manos.
Porque disfrutabas al verme así.


Y yo, con mis ojos de coral

te contemplaba desde la esquina de la habitación.
No te soltaban.
Ellos... te deseaban. 


Deseaban tus labios, 

ese sabor que tenía tu boca, 
que si te toca, te descoloca, 
te desboca. 


Deseaba tu aroma tan dulce, 

que hace que entre en trance
cuando intento 
dejar de desearte. 


Deseaba tocarte, aunque fuera una vez más.

Porque estabas prohibida.
Estaba saltándome las leyes.
Y tú ahora ya no estás cohibida. 


Es más... Ahora, lo estoy yo.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Mirando las estrellas.

Íbamos con ropas de los sesenta y nuestras voces gritaban por la revolución. El aire fresco se entremezclaba con el de nuestros cigarrillos recién encendidos. No sabíamos quiénes éramos, ni qué hacíamos allí. Tan solo... disfrutábamos del momento.
Porque es en ese instante en el que miras hacia atrás y sabes que estás disfrutando de cada minuto. Puede que no de la manera más adecuada, pero sí de la que se necesitaba en ese momento.
Embadurnábamos nuestras almas con licores extravagantes de sabores que te quemaban la garganta con propósito de hacer de nuestro interior un infierno (aunque ya lo era de por sí) y arañábamos nuestra piel dejando que nuestro inconsciente dominara. 
No pasaríamos de aquella noche. Lo sabíamos y lo teníamos asumido. Y queríamos aquello. Queríamos desintegrarnos. Ser volutas de polvo que vuelan sin rumbo fijo, que odian la calma y se excitan con el caos. Queríamos estallar, gritar, follar y luego llorar como idiotas.
Porque eso es lo que éramos. Dos idiotas mirando las estrellas. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Alas.

Nunca te corté las alas. Me enamoré de ellas y las cuidé con mimo, esperando que crecieran aún más. Y además, las hice mías.
Porque hice de tus alegrías mi motivo para sonreír. De tus miedos,coraje para luchar contra tus demonios. De tus lágrimas un océano en el que naufragar. De tu olor una fragancia divina. De tu voz mi cancion favorita cada despertar. De tus sueños, aún más ganas de seguir viviendo los míos.
Sé que no es la imagen de amor que te planteaba en un principio. Que te parecía más dura y más realista, demasiado confiada en que esta vez no volvería a enamorarme por completo, e incluso más fría. Pero fuiste capaz de desnudarme. Quitarme las capas una a una. Mostrarte todas y cada una de mis caras. Ser yo, y no ser nadie más.
Sé que tampoco te esperabas esto último. Bueno, siempre intento jugar con un factor sorpresa porque si no todo es demasiado aburrido.
Así que sí, me conoces.
Del todo.
Ya no te escondo nada.
Y te amo.
A ti, en toda tu totalidad.
Y a tus alas.
Gracias por dármelas.