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lunes, 27 de octubre de 2014

104.

«¡Buenos días, princesa! He soñado toda la noche contigo. Íbamos al cine y tú llevabas aquel vestido rosa que me gusta tanto. Solo pienso en ti princesa... pienso siempre en ti.» - La vida es bella. 

Es cierto: esta noche he soñado contigo. Y sí, llevabas ese vestido color rosa chicle que marca todas tus curvas y que a mí me vuelve tan loco. Y después de recogerte en la puerta de tu casa, observados allí a conciencia por tu madre, a la que ya tengo ganada desde el día en que me conoció, íbamos al cine a ver esa película romántica la cual tenías unas ganas locas de ver. Sabías que a mí no me gustaban ese tipo de películas, pero que con tal de ir contigo iría hasta el mismísimo fin del mundo. Además, la película al final no me resultó tan desagradable. Debió de ser porque contigo cualquier cosa siempre es mejor de lo que esperaba.
Después del cine te llevé a aquel restaurante tan caro al que siempre habías querido ir, y allí cenamos a la luz de las velas. Llámame raro, pero tantas veces me perdí en tus ojos que las empecé a contar. Perdí la cuenta a partir de diez.
Entonces te llevé a otro de tus lugares favoritos y te saqué a bailar. Hacías mover tu cuerpo al son de la música con tu vestido y a cada uno de tus movimientos me hacías desfallecer. Era tanta la belleza que desprendías aquella noche que ni las mismísimas estrellas se podían comparar contigo. 
Recuerdo que estuvimos bailando durante horas; unas veces éramos pura adrenalina y otras, sin embargo, éramos todo romanticismo. Créeme que más de una vez me asombré de mi comportamiento, pero es que conseguías romper todos mis esquemas. Me volvías más loco de lo que ya estaba (y eso ya es decir).
Y te preguntarás por qué. Por qué esto. Por qué el sueño. Por qué tú, y no otra. Por qué yo, y no otro. Pues no lo sé. Yo también me lo he preguntado, se lo pregunto todos los días a mi almohada y a mi mente por hacerme esto, pero no hay respuesta. Simplemente somos tú y yo. Simplemente estamos destinados, pero sin el "simplemente" delante. ¿Y qué por qué lo estamos? Porque si no fuera así yo no leería en tu mirada todas las mañanas que tú también sueñas conmigo. 

sábado, 11 de octubre de 2014

Cue the rain.

Antes de empezar a leer esta entrada, pon a reproducir la canción que da nombre a esta entrada, de Lea Michele.
Dicho y hecho esto, te invito a leer todo lo que tengo decirte en este nuevo texto.

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Hoy no vengo a hablar ni de ti, ni de nosotros. Vengo a decir que el cielo llora. Y que yo internamente también lo estoy haciendo, solo que mi orgullo me impide demostrártelo. Porque me prometí que no volvería a llorar delante de ti. Ni por ti. Ni una vez más.
Y al parecer el cielo ha descubierto qué me pasa, y llora en mi lugar. Y también grita por mí. ¿Lo oyes? Está intentando decirte lo mucho que me dueles. 
¿Y ves eso? También está intentando demostrarte con sus luces intermitentes que mi vida está tambaleándose, porque al igual que me la das, también me la quitas. Y es que ya poco me queda para morir.
Pero se podría decir que yo no moriré de vieja o por alguna enfermedad. Yo moriré de amor. Porque el amor destruye, no solo crea y transforma. El amor es una bomba de relojería en mi corazón marchito.
Porque cada ilusión, cada caricia, cada sonrisa, cada abrazo, me rompe. Sí, me estoy rompiendo como un cristal. Ten cuidado, porque estoy rota, pero también corto. No me subestimes.
Y en este último suspiro, con estas pocas fuerzas que me quedan, te doy las gracias por haberme hecho sentir otra persona completamente diferente. Por haberme hecho sentir un poco menos invisible. Por haberme devuelto la sonrisa (aunque me la hayas acabado quitando). Por haberme hecho feliz por un instante. Por haberme devuelto la capacidad de soñar (aunque fuese contigo).
Mi cuerpo me abandona, la tormenta se aleja. Así que este es el adiós. No te digo que sea para siempre, porque las tormentas siempre vuelven. Pero de momento, he de decirte adiós a ti, y a todo el amor que mi corazón alberga. 
Así que no te lo tomes como un adiós, puede que sea un hasta luego. Quién sabe. Mi corazón a veces demuestra ser más fuerte de lo que aparenta.


martes, 7 de octubre de 2014

Paulina.

«Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: "Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos." Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: "Las nuestras ya se reunieron." Nuestras en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.» - La trama celeste , Adolfo Bioy Casares.

Mentiría si te dijese que no te quería. Mentiría si no te dijese que durante tanto tiempo eras lo primero que veía al despertar. Porque era abrir los ojos y verte de alguna manera. Porque tú eres la persona que cambió mi forma de ver el mundo. Porque le diste algo más de color, y todo pasó de ser blanco y negro a tener infinidad de tonos. Porque eras como yo, pero con todas aquellas cosas que a mí me faltaban y que me ibas dando día tras día. Porque te gustaban las miradas perdidas, las ojeras, las noches de insomnio, los solos de guitarra, los amaneceres y las canciones tristes. 
Y por eso siempre diré que nuestra etapa juntos fue una de las mejores de mi existencia, y guardaré cada momento como si de un tesoro se tratase. Porque un tesoro no son simples piedras preciosas y oro, también son las pequeñas cosas que nadie aprecia, y en las que yo me percato.
Porque las cosas pequeñas son las que verdaderamente valen la pena. Y es que, en verdad no son tan pequeñas como a nosotros nos parecen. Algunas son enormes y maravillosas y pasamos de ellas, haciendo más caso a otras más vanales. Sinceramente, nunca llegaré a entender a la gente.
Pero a ti sí te entendía, y por eso me gustabas. Porque siempre sabías de lo que hablaba, y nunca me mirabas con desdén o me ignorabas por completo. Y por eso te echo de menos, Paulina. 
Sé que cometí errores, pero todos somos humanos. Solamente si te fijaras en todas las cosas pequeñas que te di (y en las muchas grandes que también te ofrecí) todo se acabaría. Toda la indiferencia, todo el frío, todo el rencor.
Solo quiero una segunda oportunidad. Tan solo quiero volver al pasado. Quiero volver a ver la vida en la muerte, el calor de un alma en la más gélida soledad, tus ojos oscuros observándome tan llenos de sabiduría y que tanto me gustan, tu sonrisa al amanecer. Quiero dejar de verlo todo en blanco y negro. Quiero que vuelvas a enseñarme lo que era el color. Lo que era el amor. Lo que era tener un alma gemela. Quiero que nuestras almas se reúnan, como en los viejos tiempos. 


miércoles, 1 de octubre de 2014

101.

Me gusta oler a ti.
Me gusta abrazarte.
Me gusta pensar en ti.
Me gusta soñarte.
Me gusta saberlo todo de ti.
Me gusta amarte.
Y me gusta hacerlo aunque duelas.

También me gusta saber el sabor de tus labios
sin ni siquiera haberlo probado.
Me gusta que me hagas sonreír con solo hablar.
Me gusta que me ayudes a olvidar
todo lo que se ha quedado atrás.
Porque el pasado solo traerá dolor,
penas, quebraderos de cabeza y desilusión.

Y no quiero perderlo todo,
no quiero perderte, me moriría si lo hiciera.
Me moriría sin ti, sin tu cantarina risa,
sin tus embelesadoras sonrisas,
sin tus abrazos, sin tus miradas.
Que no, que sin ti no soy nada.
Y está totalmente comprobado.

Me maldigo por depender de ti.
Porque sí, lo hago.
Porque es que has conseguido todo,
porque no has cometido ningún desliz.
Porque me cuidas,
porque eres la noche que salva mi día.
Porque nadie me salva como tú.

Quizá leas esto, y seguramente
te preguntes quién está en mi mente.
Pues no pienses, porque sabes la respuesta.
Eres tú, tú y solamente tú. 
Y me maldigo porque querer no es una virtud,
es una maldición, 
porque ya no puedo pensar con precisión.

Pero no se puede luchar contra el corazón,
por mucho que lo intente la razón.
Porque los sentimientos siempre ganan,
y los pensamientos siempre pierden.
Porque sí, siempre ganas.
Y porque sí, yo siempre pierdo.
Pero a pesar de todo, yo te quiero. 

Y así será gran parte de mi vida,
no te digo que sea el resto de mis días.
Porque el amor es duradero,
pero no es eterno.
Pero de momento te quiero,
y puedes darte por satisfecho,
tienes a alguien que moriría por ti.

Por desgracia.