En el seno de un país transtornado nació una niña vestida de blanco. Su mirada escrutaba cada uno de los rincones de la calle con sus acristalados ojos azules, sin ser consciente todavía de la magnitud del conflicto que tenía dividido a su pueblo. Las bombas caía una a una, destrozando los azulejos de las casas, creando agujeros en el asfalto e hiriendo a los suyos.
— Aquí no se respeta la libertad y se premia la ignorancia — solía decir su madre(mientras vivía, claro) — Nos comen la cabeza con utopías cuando lo único que deberían hacer es cuidar de los suyos antes de que las calles sean rías de sangre.
— Aquí no se respeta la libertad y se premia la ignorancia — solía decir su madre
Ella no comprendió en su totalidad aquellas palabras, pero todo adquirió algo de sentido aquel día en el que abrió los ojos por fin.
Por sus manos discurría un líquido carmesí, maloliente, nauseabundo y a la vez valioso. Sus pupilas se convirtieron en dos agujeros negros, pues aquella escena estaba siendo guardada cuidadosamente en su memoria (traicionera y vil como ella sola).
Los años pasaron y el reflejo de esa escena aún se podía apreciar en las caras de los más mayores. Rostros arrugados, entristecidos y consumidos por la angustia de tiempos pasados. Ideas radicalizadas y mentes perturbadas.
Querían libertad, pero callaban. Por eso hablaban ellos, sus descendientes. Los nuevos guerrreros quienes no buscaban sangre, sino tranquilidad. Pero otra vez se vuelve al punto de partida.
Los años pasaron y el reflejo de esa escena aún se podía apreciar en las caras de los más mayores. Rostros arrugados, entristecidos y consumidos por la angustia de tiempos pasados. Ideas radicalizadas y mentes perturbadas.
Querían libertad, pero callaban. Por eso hablaban ellos, sus descendientes. Los nuevos guerrreros quienes no buscaban sangre, sino tranquilidad. Pero otra vez se vuelve al punto de partida.
«Por qué no somos capaces de avanzar?» se preguntó la niña de ojos azules, en los cuales ya no había ni un halo de luz y de inocencia. Su pelo ondeaba al aire, como su bandera.
Quería hacer justicia a su pueblo, el cual ya tan solo era un murmullo agónico cuando en sus días fue grito arrollador.