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sábado, 10 de febrero de 2018

Desnudos en papel.

Muchas veces me han preguntado qué es ser uno mismo. Y siempre se viene a la mente la palabra "abrir", y he ahí la cuestión: ¿por qué abrir y no desnudar?
Yo me siento yo misma cuando me desnudo ante el papel. Cuando mis pensamientos fluyen sin ningún filtro y dejo a la bestia que es mi mente rasgar todos y cada uno de mis secretos, haciéndome vulnerable y poderosa a la vez.
Vulnerable porque me ensucio, sangro, tiemblo, me cuestiono, me critico, me odio, me analizo hasta el más mínimo detalle sacándole puntillas a todo lo que encuentro. Me señalo con el dedo una y otra vez, haciéndome ver qué idiota soy y cuánto me queda por aprender y mejorar. Soy un alma inexperta que bucea en un océano sin fondo.
Poderosa porque es el único momento en el que puedo ser sincera sin tener la espinita del qué dirán o esa vocecita insaciable que lo único que hace es cohibirme y hacer que me cierre a cal y canto, sin dejar una rendija por la que corra el aire. Ser libre y poder tener el mando en alguna cosa ya que muchas veces no tomo por mí misma mis propias decisiones.                                                       
Por eso me gusta escribir. Porque me abro, me desnudo mentalmente, físicamente, metafóricamente, de todas las maneras posibles. No tengo miedo de enseñar mis cicatrices. Más que nada, porque eso es lo que me hace ver que aún soy humana.

Echando raíces.

Estoy echando raíces en un lugar que no es el mío.
En tierra árida, fría y vacía.
Y tú ni siquiera estás conmigo.

Rompería cada una de las extremidades que me atan
si no fuera porque aún no te he encontrado.
Y una parte de mí me dice que quieres que lo haga.

No quiero pasar el resto de mi vida lamentándome,
preguntándome todo aquello que podía haber hecho
y pensando en todo lo que podía haber sido.

Sé como el viento esta noche, que aúlla fuerte.
Tiene el síndrome de huracán.
Y yo, el de estocolmo.

Cada segundo que pasa 
es un segundo más en esta casa
de cristal que se me echa encima.

Quiero ser del mar,
del sol, de la brisa del mediodía.
No quiero ser un árbol hecho cenizas.

Por favor, ayúdame.
Aunque intentarlo sea lo último que haga.
Por favor, ayúdame. 



Créditos por la ilustración a Helena (@musikdramen en Instagram y Twitter), más que nada porque es mágico ver, mis versos plasmados el algo como esto. Gracias.