Mírame a los ojos y dime lo que ves. No me mientas, sabes que no soporto las mentiras. Sé sincero y directo, tampoco me gusta que te andes con rodeos. Hazme daño. Quítame todos los sueños estúpidos que tengo contigo de una vez. Dispárame, te estoy dando la bala y la pistola.
No te calles. Háblame. Dímelo. Hazme daño y haz que me aleje de ti. Es la única forma con la que podré olvidarte. La única que hará que no desee tenerte a mi lado.
No soy masoquista, lo juro. Solo utilizo el dolor como algo para poder ser feliz en un futuro, nada más. Quiero llorar para poder sonreír mañana. Poder quererte hoy para mañana dejar de hacerlo y rehacer las cosas. Volver a empezar. Ser libre de este amor que no debería sentir.
Quiero llorar. Hazme llorar. Lo necesito. Haz que deje el orgullo a un lado y deja que sea débil por unos instantes. Abrázame, eso hará que me sienta mejor.
Pero no te acostumbres a esto, porque esta será la única oportunidad que tendrás de verme caer. Porque a la próxima no habrá lágrimas, habrá palabras. Probablemente las últimas que escuches de mis labios (o en tu vida, quién sabe). Porque al igual que tú formulaste las tuyas, yo diré las mías. Y te haré daño, pero no será ni la mitad de todo el que tú me has causado.
Porque eres la causa de mis lágrimas, de mis confusiones, de mis agonías, de los sueños y las promesas rotas. En resumen, la causa de todos mis males. Pero también me haces bien, para qué nos vamos a engañar.
Pero es más el dolor que causas que las sonrisas que estás consiguiendo crear, y estoy dividida. Quiero que te quedes. Pero por otra quiero que te vayas y que no vuelvas.
Te quiero. Y ambos sabemos que en el fondo de tu alma hay un lugar para mí. Pero no me lo das por... ¿Miedo? ¿Cobardía? No sé tus motivos, pero lo único que sé es que quiero que esto se acabe.
Así que dispárame. Toma la pistola. Aprieta el gatillo. Haz que sea rápido. No quiero seguir amándote.
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