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sábado, 10 de septiembre de 2016

Mirando las estrellas.

Íbamos con ropas de los sesenta y nuestras voces gritaban por la revolución. El aire fresco se entremezclaba con el de nuestros cigarrillos recién encendidos. No sabíamos quiénes éramos, ni qué hacíamos allí. Tan solo... disfrutábamos del momento.
Porque es en ese instante en el que miras hacia atrás y sabes que estás disfrutando de cada minuto. Puede que no de la manera más adecuada, pero sí de la que se necesitaba en ese momento.
Embadurnábamos nuestras almas con licores extravagantes de sabores que te quemaban la garganta con propósito de hacer de nuestro interior un infierno (aunque ya lo era de por sí) y arañábamos nuestra piel dejando que nuestro inconsciente dominara. 
No pasaríamos de aquella noche. Lo sabíamos y lo teníamos asumido. Y queríamos aquello. Queríamos desintegrarnos. Ser volutas de polvo que vuelan sin rumbo fijo, que odian la calma y se excitan con el caos. Queríamos estallar, gritar, follar y luego llorar como idiotas.
Porque eso es lo que éramos. Dos idiotas mirando las estrellas. 

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