Y nos preguntábamos qué fue lo que nos mató. Aquello que dejó nuestros cuerpos sin propulsores fueron las voces que anidaban bajo nuestras camas, buscándonos cada noche. Fueron ellos diciendo "Ya no más.", deseosos de cumplir sus objetivos.
Bien, pues ganaron. Te arrancaron la cordura una noche, y te fundiste con las sombras, tu ahora rincón favorito. Desde ahí, ser sin corazón, vivo pero a la vez muerto, libre pero a la vez condenado, me observas con esa mirada tuya que siempre te ha caracterizado.
Yo también estoy muerto, recuerda. Pero no fue por su culpa. Ellos no consiguieron tenerme. Morí por ti. Porque tú lo hiciste antes, y me abandonaste en esta celda oscura de la cual yo no soy capaz de salir. No encuentro una llave, o quizá más bien un arma, para abrir la puerta y salir para poder recuperar tu corazón y el mío y así poder vivir.
Querida, encuéntrate entre la oscuridad, yo sé que puedes. Quítate las cadenas. Aléjalos de ti, solo contaminan el oxígeno que tanto necesitarás respirar cuando seas mía de nuevo. Saca los recuerdos bonitos de tu pasado, y bombardéalos con ellos. Los demonios no son a prueba de la felicidad. Recuerda las sonrisas que nos dedicábamos cada mañana, los abrazos infinitos y las palabras directas del corazón. Házselo saber.
Olvida todas las mentiras que te dicen. Cierto es que pronuncié palabras, pero fue para nuestra propia supervivencia. Ahora vivo (y a la vez muero) en este error cometido. ¿Cómo puedo volver al pasado y rehacerlo todo? ¿Cómo puedo conseguir que vuelvas a mis brazos, temerosa y confundida (pero a la vez más bella que ninguna) antes de desaparezcas con la nada?
Decían que las palabras se las lleva el viento... Pues yo quiero un huracán que lo arrastre todo y te deje de nuevo a mi lado. Viva, y con un corazón reconstruido. Como siempre debiste estar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario