Recuerdo la tarde de abril en la que nos abrazábamos tímidamente. El ambiente olía a primavera y tus besos sabían a rosas. Tus miradas me atravesaban de parte a parte mientras las yemas de tus dedos recorrían todas y cada una de mis aristas. Dulce polígono perfecto, me llamabas.
Me veías retorcerme y bajar miradas, oías cada una de las sílabas que formaban un "Te quiero" empañado en lágrimas y una sonrisa de creída felicidad, veías cómo me alzaba hasta el infinito para volverme a caer de nuevo.
Me tendías la mano y me ofrecías un pecho en el que llorar durante horas. Satisfacción y a la vez un dolor infinito. Una relación amor-odio sin futuro alguno. Unos meses de parada para este interminable viaje.
He de decir que siempre te agradeceré esta imperecedera experiencia. El hecho de que te lo llevaras todo con el propósito de que luchara para conseguirlo de nuevo; volver a nacer de entre las cenizas lo llaman también.
Y es que soy libre, poderosa y algo más fuerte. Ardiente llamarada en tus costillas de hielo y la voz que trona tus oídos en tus peores sueños. Las garras que dejan marcas en tu piel bronceada y las amargas lágrimas que encuentras aún a un lado de tu cama.
Quizá me equivoque. Total, todos lo hacemos. Pero es bonito pensar que un pedazo de ti me echa de menos después de tanto tiempo. Que no es poco. Son 270 días, 6480 horas, 194400 minutos y 69984000 segundos de los cuales tres cuartos me los pasaba evocando tu sonrisa en mi mente.
Recuerda los días de finales de enero (sí, aquellos en los que nuestros labios coincidieron por primera vez), las tardes de mayo en nuestro escondite y las noches de agosto deambulando por las calles a mi lado. Las caricias de terciopelo y los besos a trompicones. Mis escapadas por verte. Los piropos cutres que tanto nos hacían reír. Las horas que pasaba viéndote tocar las canciones que tanto te caracterizaban, aquellas que aún retumban por las paredes de mi habitación clavándome puñales en vez de notas musicales.
Recuérdame. No digo que me quieras, sé que nunca lo has hecho.
Pero acuérdate de mí.
Porque yo me acuerdo (y me acordaré mucho tiempo, por desgracia) de ti.
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