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lunes, 20 de abril de 2015

Ahogado entre notas y manchas de tinta.

Yo siempre fui de escribir a lápiz para así poder corregir mis errores y que estos pasaran desapercibidos. El bolígrafo era feo. Siempre había que escribir perfecto y si te equivocabas, o bien tachabas o vivías a base de tippex. Qué inventos más horribles. Siempre dejaban marca. 
Así estoy yo después de tantas experiencias. Soy una hoja de papel embadurnada de una mezcla entre borrones de goma, tinta y manchas blancas las cuales no conseguían pasar desapercibidas y que solo pretendían borrar los nombres de todas las catástrofes que han ocurrido a lo largo de los años. 
Los nombres de los seres que han provocado daños irrebocables en mi interior y en mi exterior. Todo está dañado. Viejos recuerdos y presencia de malas épocas invaden mi cabeza que, por suerte, son agua pasada. Pero a la vez esta está estancada, turbia, negra, maldita. Y ahí sigue mi mente, la causante de todos mis malos sueños. Y mi insomnio, el cual domina todas y cada una de mis noches. Y cómo olvidarnos de mi cuerpo, todo rasguñado y a la vez lleno de experiencia.
Me dijeron que la vida no sería fácil. Y yo lo sabía, intuía de sobra que nadie regalaría nada. Que tendría que sufrir y ganar todo aquello que deseara. Que habría personas que caerían a mi lado, otras que me intentarían hacer caer. A otras yo las echaría de mi lado. Otras vendrían a mí como si fuésemos imanes unidos por el destino, si es que esos cuentos de viejas existen.
No me importa vivir así. Tan solo quiero más hojas sobre las que escribir mis canciones, mi vida, y una guitarra para ponerles melodía y que así no se limiten a ser simples frases tristes pronunciadas por una voz quebrada. 

Firmado por: El muchacho que teñía de música todas y cada una de sus noches sin dormir. 

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