Mientras escribo esto tengo la sensación de que ni la puñalada más certera podrá sacar de mis entrañas ni una mísera gota de sangre. No sé cuántas veces he amenazado con matar(me) las expectativas.
Unos sueñan con gloria, otros tan solo nos conformamos con aceptación y conformidad a pesar la adversidad. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar por ello? ¿Cuánto tiempo alargarás el sufrimiento por algo que quizá ni llegue?
Yo ya he fijado metas realistas. Una y otra vez abro mi cuaderno y las escribo a lápiz porque sé que en cuestión de días las ansias por querer cambiar las cosas me harán querer borrarlo todo y volver a empezar. Aún me pregunto el por qué de mi miedo a arrancar la primera hoja, si ya está tan sucia y arrugada como mi mente.
Tengo que aprender a soltar.
Tengo que aprender a soltar.
Tengo que aprender a volar.

