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miércoles, 13 de julio de 2016

La historia del vasallo.

En estas cuatro paredes te hablo
y te cuento así la historia del vasallo
que sin querer se quedó sin nada,
volviéndose así su alma sana. 

Y es que este hombre,

de bolsillo algo pobre,
encontró un día el tesoro
que hizo de él un ogro.

Era ella, tan hermosa y tan bella.

Con una sonrisa que helaba
hasta la más apasionada llama,
hasta la más vívida esperanza.

Con esos vidrios que gastaba por ojos,

que reflejaban no amor, sino odio.
Odio por la vida,
repugnancia, furia y envidia.

Con su olor a lavanda

y su paso firme cuando andaba
con la mirada bien alta,
con miles de puñales escondidos tras la espalda.

Él lo sabía, ella no era como pensaba.

Pero quería saber qué era lo que pasaba
por su cabeza las noches de luna llena
y las tardes que se encontraban en la escalera.

Quería destruir su muro,

porque aquello no era Berlín, era miedo en estado puro.
Una infinita barrera de inseguridades,
temores y demonios en las proximidades.

Dulce introducción al caos

llamaba al camino a su infierno.
Porque todos entraban, pocos salían
y con el tiempo todos enloquecían.

Como le pasó a él,

que se enamoró de la textura de su piel,
la fingida virginidad de sus labios,
y un temor que se desdibujaba en sus ojos.

Y todo ocurrió una fría noche de invierno,

en la que el viento mecía sus cabellos
y helaba la conjunción de sus huesos.
Magia Amor, era llamado.

Desaliento, pasión, 

adoración e idealización.
Sustantivos comunes 
que describían algo que no era propio.

Propio de un ser humano,

de este mundo, de este plano.
Porque el amor y la muerte
cruzaron barreras, para su (mala) suerte.

Dos mil quinientas cincuenta y ocho noches

le quitó ella de su vida a este hombre
hasta que descubrió la realidad 
de su maldad.

No tenía nada después de aquello,

solo una parte de su corazón y un poco de aliento.
Lo suficiente para luchar.
Lo suficiente para poderse liberar.

Su alma volvió.

Y ella, se fugó.
No volvieron a verse nunca más.
Y todo acabó así, sin más.

Y esta historia queda escrita

no en la Biblia, ni en ninguna reliquia,
sino en la memoria de él, y la de ella.
Y ahora ha pasadode la mía a la tuya.

Recuérdala bien,

recuerda que no pueden hacerte del día la noche,
que tu esencia es tuya,
y que el amor y la muerte...

Pueden ir agarrados de la mano,

y algunas veces es mejor soltarse.



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