Prometimos nunca llorar como aquel día. Vaciar nuestras mentes de cosas innecesarias para así aprender cómo bailar entre nuestros demonios. Olvidarnos del qué será, qué estamos siendo y qué hemos sido. Tirar nuestros complejos a la basura. Romper los malditos papeles que deciden nuestro futuro. Tan solo congelar el instante y... volar.
Nuestras mentes eran un caos y lo peor de todo es que éramos conscientes de ello y no poníamos un remedio a ello. Simplemente esperábamos una cura, cuando quizá nosotros fuésemos los que teníamos que buscarla.
Pero seguíamos igual. Estábamos estancados en ese vaivén que se repetía una y otra y otra vez, mientras todo parecía perder el sentido. Teníamos que destronarlos. Tenían que dejar de ser ellos los reyes. Teníamos que vivir.
Porque nuestras vidas se estaban consumiendo en un mar de preocupaciones. Ya no había diversión, placer, esperanza, serenidad... Solo unos: "No tengo dinero.", "Mañana tengo examen y con ello me juego el futuro.", "Quizá no valga para nada.", "No estoy disfrutando mi adolescencia.", "No soy como ellos."....
Ellos solo nos miraban, sin decir nada. Pretendían que estuviésemos bien. Pero en realidad nos estábamos acabando. Nuestras mentes se volatilizaban, se estaban estropeando porque ya no sabían cómo funcionar.
Hasta que nos dimos cuenta de que nuestro encuentro, nuestro choque de polos, nuestra estrepitosa coalisión al encontrarnos, eliminó todo eso.
Solo fuimos nosotros. Bailamos con los pies descalzos y después... flotamos en nuestra subjetividad. Porque nos habíamos cansado de la objetividad. Del supuesto "mundo real". No lo necesitábamos, ni él a nosotros tampoco.
Y orgullosos podemos decir que no pudieron con nosotros. Ni sus miradas, ni sus exigencias, ni sus palabras de rechazo.
Y míranos.
Ahora volamos.
Ahora flotamos en tranquilidad.
Pero sin nunca detenernos en este incesable camino...
En nuestra búsqueda por la felicidad y nuestros sueños.
Porque nuestras vidas se estaban consumiendo en un mar de preocupaciones. Ya no había diversión, placer, esperanza, serenidad... Solo unos: "No tengo dinero.", "Mañana tengo examen y con ello me juego el futuro.", "Quizá no valga para nada.", "No estoy disfrutando mi adolescencia.", "No soy como ellos."....
Ellos solo nos miraban, sin decir nada. Pretendían que estuviésemos bien. Pero en realidad nos estábamos acabando. Nuestras mentes se volatilizaban, se estaban estropeando porque ya no sabían cómo funcionar.
Hasta que nos dimos cuenta de que nuestro encuentro, nuestro choque de polos, nuestra estrepitosa coalisión al encontrarnos, eliminó todo eso.
Solo fuimos nosotros. Bailamos con los pies descalzos y después... flotamos en nuestra subjetividad. Porque nos habíamos cansado de la objetividad. Del supuesto "mundo real". No lo necesitábamos, ni él a nosotros tampoco.
Y orgullosos podemos decir que no pudieron con nosotros. Ni sus miradas, ni sus exigencias, ni sus palabras de rechazo.
Y míranos.
Ahora volamos.
Ahora flotamos en tranquilidad.
Pero sin nunca detenernos en este incesable camino...
En nuestra búsqueda por la felicidad y nuestros sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario