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viernes, 29 de julio de 2016

146.

No pensaba subir esta entrada. La consideraba como algo que había escrito muy personal, pero con estas palabras me llegaron a decir que incluso hacía magia... Así que, aquí os la dejo, exponiendo una vez más un trocito de mí... Espero que os guste. 

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Perdóname. Siento no ser guapa, ni perfecta, ni la chica que esperabas que fuese. Siento no saber callar. Siento no saber cómo hablar. Siento no entender tu humor. O tu forma de hablar. O esas miradas que me lanzas y que son o de amor, o de furia. Siento no conocerte, a pesar de llevar tanto tiempo a tu lado. Siento no conocerme a mí misma. Siento tropezar sobre la misma piedra una y otra y otra vez. Siento no tener paciencia. Siento que no tengas paciencia conmigo. Siento no vivir en este mundo, y vivir en otro. Siento no verte cuando realmente estás ahí. 
Pero siento que te quiero. Que quiero aprender a bailar contigo con o sin lluvia por delante y dar un beso debajo del agua. Quiero atreverme a escuchar esas canciones que me traen malos recuerdos, y también desafiar las leyes del universo. Quiero que me enseñes a ser mejor. Quiero enseñarte a ser mejor. Quiero ser todo lo que tenga que ser, pero quiero serlo contigo.
La relación con una persona es como un puzzle. Es algo que empiezas a montar, lentamente. Unes pieza con pieza, con algún momento de duda, pero consigues finalmente llegar a obtener una gran parte de ese puzzle, de ese todo.  
Hay momentos en los que una parte se deshace, ya que nunca hay que olvidar los grandes momentos de furia y dolor que llevan a cabo hacer ese puzzle. Y toca volver a buscar las piezas. Toca volver a encontrarse en ese desorden.
A veces lo logramos y volvemos a tenerlo tal y como estaba al principio, tras mucho esfuerzo y sudor. Otras descubrimos otras piezas, pero que nunca dejan de ser una parte de aquello que habíamos creado, y descubrimos cosas nuevas de las cuales nos alegramos (o nos entristecemos, todo depende de la situación). Y otras simplemente son una pérdida total y naufragamos entre las piezas, a la deriva.
Y es en ese momento en el que encontramos de nuevo esa parte que buscábamos u otra parte completamente diferente del puzzle, en el que nuestra mente se activa como nunca antes y nuestro corazón palpita de nuevo. En el que el sentimiento de que es posible completarlo, es palpable en el aire de la habitación. 
Entonces, trabajas. Trabajas para conseguir tu objetivo, para verle un sentido y un fruto a lo sembrado. Durante este proyecto también se plantean dudas, posibles recaídas a deshacer el puzzle por completo y volver a empezar o de las de cogerlo y mandarlo de nuevo a la caja. Demasiadas piezas, quizá.
Nosotros estamos en la primera parte de la construcción de nuestro puzzle. Aún discutimos, aún lo rompemos, aún nos equivocamos. Porque es algo nuevo para ambos y a la vez tan viejo. Es amor. Y el amor con cada persona es nuevo, pero a la vez es un sentimiento que nada en nuestros corazones desde que tenemos capacidad de pensar.
Y aunque me odies (cosa que yo también hago), intente(s) tirar el puzzle a la caja o a la basura algunas veces y nos peleemos por él... Quiero que sepas, que yo quiero seguir montándolo.
Seguir descubriéndote. Seguir amándote y seguir amándonos. Seguir haciendo el amor  magia con lo que sentimos. Simplemente... Seguir.
Cierto es que nuestro puzzle es aún un caos... ¿Pero no eran los demonios del otro lo que queríamos descubrir? Yo aún quiero. ¿Y tú?

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