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lunes, 23 de marzo de 2015

115.

Surcaste con tus dedos todas mis coyunturas. Me retuviste entre tus brazos, entre mis gritos de auxilio. Hoy, abriste otra vez más las puertas de mi alma y te llevaste un trocito más de mí. 
Y así seguirás hasta dejarme vacía, hasta conseguir hacerme tuya en todos los sentidos. ¿Pero sabes qué? No me importa entregarme. Más de una vez me entregué a los demonios, y sé que nada será más doloroso que eso. Tampoco me importa entregarme a tus brazos aunque detrás llevases un puñal. No le tengo miedo al dolor. Ni a la muerte. Ni a tu lado oscuro. Ya no.
No me importa que conozcas mis puntos débiles, mis más rencónditos pensamientos y mis tremendos defectos. Porque no tengo nada que esconder. Soy agua, soy cristal. Soy transparente, y te muestro aquello que quieres ver. 
Mírame a los ojos y agárrame fuerte. Déjame llorar otra vez en tu pecho aunque eso sea condenarme a mostrar mi angustia y miedo. Llora conmigo. Abrázame y seamos eternos...
Eternas almas que se han reencontrado tras mucho tiempo buscándose en el infierno. Almas que tan solo buscan ser queridas. Que tan solo se necesitan...
Y es por eso que te necesito para seguir respirando unos días más. Toda mi vida, tal vez. 

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