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viernes, 20 de marzo de 2015

114.

Otra vez la lluvia volvió a cubrir las calles, mojando así todas las cartas que en su día escribiste al demonio hablándole de mí. 
¿Debería sentirme halagada por el hecho de que el ser más horrible del universo sabe de mi existencia? ¿O debería tener miedo? ¿O debería de dejar de pensar en ello quizá? 
Pero que sepas que me gusta que le hables de mí. Y más me gusta saber que te desangras tanto como yo entre hojas y bolígrafos intentando captar cada una de mis sonrisas. Cada una de mis lágrimas. Cada uno de nuestros ensordecedores silencios. 
La vida es una sucesión de elecciones, y mi pregunta es: ¿Qué es lo que hemos elegido nosotros? 
Si no tenemos valor, si no tenemos remordimientos, si no tenemos nada más, ¿qué nos queda?
Cierto es que quedan los besos llenos de pasión que le dedicamos a la Luna, cierto es que nos queda el otro, que siempre estará dispuesto a iluminar su oscuridad.
Pero... «¿A dónde nos dirigimos?» Te pregunto. «¿Qué camino es este?»
«El camino de la pasión.» respondiste tú «Un camino que solo el momento conduce, y solo el destino sabe a dónde se dirige. ¿No te parece eso suficiente?»
Y posaste tus labios sobre los míos como otras tantas veces, dejándome sin aliento y sin ganas de torturar mi mente pensante. 
La vida son solo sensaciones. Pequeños momentos que marcan las diferencia. Así que nunca está de más dejarse llevar... 

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