Y otro mañana más, me levantaba
y me disponía
a enfrentarme al mundo,
sin ganas, sin fuerzas.
Porque ya nada tenía
el más mínimo sentido,
todo estaba mal, todo
estaba desordenado.
Me estaba volviendo loca
entre el dolor, la amargura
y la soledad que me embargaban
desde primera hora de la mañana.
Me iba consumiendo lentamente
como un cigarrillo
entre tus delicadas manos.
Ya tan solo soy cenizas.
Ojalá fuera un fénix
y pudiera renacer de ellas,
con más fuerza, con más pasión.
Ser más fuerte. Eso quiero.
Porque ya no me queda nada
por lo que luchar, y yo quiero
que haya motivos
para hacerlo.
Pero es que todo perdió sentido
el día en el que
me perdí a mí misma.
El día en el que
me consumí,
y pasé a ser cenizas.
Soy los restos de algo
que en su día fue fuerte,
vivo y radiante.
Y en estos versos desordenados
cuento la historia de la chica
que fénix quería ser para poder dejar
de ser tan solo cenizas.
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