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martes, 24 de junio de 2014

Cenizas.

Y otro mañana más, me levantaba
y me disponía 
a enfrentarme al mundo, 
sin ganas, sin fuerzas.

Porque ya nada tenía
el más mínimo sentido,
todo estaba mal, todo 
estaba desordenado.

Me estaba volviendo loca
entre el dolor, la amargura
y la soledad que me embargaban
desde primera hora de la mañana.

Me iba consumiendo lentamente
como un cigarrillo 
entre tus delicadas manos.
Ya tan solo soy cenizas.

Ojalá fuera un fénix
y pudiera renacer de ellas,
con más fuerza, con más pasión.
Ser más fuerte. Eso quiero.

Porque ya no me queda nada
por lo que luchar, y yo quiero
que haya motivos 
para hacerlo.

Pero es que todo perdió sentido 
el día en el que 
me perdí a mí misma.

El día en el que
me consumí, 
y pasé a ser cenizas.

Soy los restos de algo
que en su día fue fuerte,
vivo y radiante. 

Y en estos versos desordenados
cuento la historia de la chica
que fénix quería ser para poder dejar
de ser tan solo cenizas.

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