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domingo, 4 de mayo de 2014

Intentos de cambiar el mundo.

Esto es un relato que escribí para un concurso del instituto. No sé si he ganado, o si llegaré a ganar, pero no sé, me ha gustado escribir sobre esto y me gustaría compartirlo aquí. Espero que os guste.
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Un día te levantas y ves cómo es el mundo. Y ves que es un lugar horrible, no el lugar tan bonito que todos solemos imaginar, donde la mayoría de la gente es presa de múltiples estereotipos que controlan sus vidas. Ves a miles de personas morirse por dentro por culpa de miles de mentiras, y decides cambiar todo eso, intentarlo por lo menos, porque no puedes más. No puedes ver a tanta gente tan mal, gente que no se sienten a gusto con ellos mismos, personas que se odian, y eso es lo peor que te puede pasar en la vida, creedme.

Empezar a guiarte por los insultos de la gente y dejar de quererse a uno mismo es como caer en un pozo sin fondo. Caes en él, y cada vez más y más, y se aleja de ti todo lo bueno, todo lo positivo que queda en ti, y te pierdes a ti mismo. Y pocas veces vuelves para contarlo.

Hola, me llamo Sara, también conocida como @KeepFeelings (ahora @Metroymedio_) en Twitter. ¿Qué quién soy? Ni yo misma sabría decírtelo exactamente. Soy una chica normal, de apenas dieciséis años, que simplemente intentó cambiar un poco las cosas creando un movimiento en Twitter, el #MovimientoFeeling.

Todavía recuerdo el día en el que empezó esto, hace unos meses atrás. Estaba cansada de ver cómo tantas personas ahí fuera sufrían o incluso perdían sus vidas por culpa de las críticas de la gente. Por culpa, por ejemplo, de una palabra como “gorda”. Y subí una foto en la que mostraba un poco mi vientre y sujetaba un cartel en el que ponía: “Cambiemos el ideal de belleza.” Todo esto acompañado de un tweet en el que dije: "Sigo teniendo el mismo derecho que una tía delgada a subir esta foto. Y sí, soy yo."

 Estaba harta de que unos simples números, unas simples tallas, controlaran nuestras vidas de esa manera. Quería que todos los que no se gustan se apreciaran un poco más, que se sintieran bien con lo que eran.

Y al principio todo fue bien. Miles de personas me decían cosas como: “Qué valiente eres.” o “Eres un ejemplo a seguir.”. No sabéis lo bonito que era aquello. Pero creo que lo más bonito fue ver como todos los de mi alrededor me apoyaban. Nunca olvidaré cosas como el “Estoy orgullosa de ti.” que me dedicó mi madre cuando le hablé de la locura que había creado en apenas unas horas y el abrazo tan fuerte que me dio o todo el apoyo que me brindaron mis amigos más cercanos (y no tan cercanos).

Durante unos días viví como si todo fuese un sueño. Todos me ofrecían palabras de apoyo, todo eran sonrisas y yo nunca había sido tan feliz. Conseguí cosas que nunca pensé que llegaría a obtener. Conseguí el respeto y admiración de gente a la que yo también admiraba, como por ejemplo una twittera que me encanta, @AveSitaBilis, la cual dijo cosas que realmente me animaron mucho; conseguí crear el movimiento; y con ello hice que muchas personas cambiasen lo que pensaban de ellas mismas. Y a día de hoy todavía hay gente que me lo agradece, y sin duda es una sensación increíble la que sientes al ver que has ayudado a tanta gente. Había conseguido crear algo muy grande y muy fuerte.

Pero todo lo grande, me quedó enorme, y todo lo fuerte, empezó a debilitarse por momentos. El tan alto castillo que había construido acabó en ruinas.

Todo comenzó cuando tuve la oportunidad de tener una entrevista con el periódico “El País” y fue ahí cuando empezó a haber más comentarios negativos que positivos, cuando me hackearon mi cuenta de Twitter y ellos eran yo en vez de ser yo misma.

Puedo afirmar que fue la peor experiencia de mi vida. No quería ni comer, ni ir a clase, ni dormir, ni respirar, incluso. Publicaron mi número, y cientos de llamadas llegaban cada día y ninguna con algo bueno que decir.

Creo que la llamada que más me dolió fue esta:

— H-hola. — dije como pude. Intentaba que mi voz fuese firme y sonase segura, pero creo que conseguí totalmente lo contrario.

— ¿Sabías que las gordas como tú no sois nada ni serviréis para nada en la vida? — la voz era de una chica, por lo que deduje tendría la misma edad que yo. — Deja de hacer estas estupideces y haz algo con tu vida, por favor. — añadió. Estas palabras se me clavaron como puñales en el corazón, que de alguna manera comenzó a sangrar.

— Tú sí que deberías hacer algo con tu vida antes que llamarme a mí. — y después de decir esto, colgué. No quería acabar jugando a su juego.

Hubo más llamadas iguales a esa, sí, hubo muchísimas. Demasiadas, diría yo. Pero lo que no pensé es que en acabase hablando con la directora de mi instituto y hasta con la policía en busca de ayuda. ¿Y sabéis lo peor? Que nadie pudo ayudarme.

Y entonces decidí esperar a que todos se olvidaran de mí y de todo esto. Tuve suerte, porque no tuve que esperar mucho. En menos de lo que esperaba, toda esta tortura acabó. No más llamadas, ni insultos, ni más tweets en mi cuenta, que al final conseguí recuperar. Siempre quedarán secuelas de esto, lo sé, pero quiero quedarme con la idea de que conseguí ayudar a miles de personas con esta arriesgada y dura empresa.

Pero os diré que esto no ha acabado con el movimiento. El movimiento sigue vivo. Sigue vivo en todas esas personas que están ahí fuera y que se aman a sí mismas un poco más cada día. Personas a las que ya no les importan lo que le echen. Y puede que ya no pueda seguir defendiendo el #MovimientoFeeling, pero tened por seguro que siempre lucharé por aquellas personas presas de la anorexia, de la bulimia, o con sobrepeso. Porque el peso no nos hace ni ser más bonitos ni más feos. Lo importante no es esta carcasa llamada físico que nos recubre, lo importante es nuestro corazón, y es lo que está en nuestro interior. Lo que te hace ser tú, y es algo que al final todos acabaran apreciando, seas como seas físicamente.


(Esta historia está basada en hechos reales, por tanto, esto ha ocurrido de verdad y más casos así están ocurriendo. Así que no dejemos que nos acabemos destruyendo unos con otros, aceptemos que cada uno es como es y que cada uno es bonito/a sea más gordo/a, más delgado/a, más alto/a, más bajo/a, más joven, más viejo/a. No dejemos tampoco que el bullying y el acoso, sean ya por las redes sociales o cara a cara, sea algo cada vez más frecuente. Está en nuestra mano destruir todo esto y conseguir una sociedad mejor. Podemos salvarla, pero solo podremos hacerlo si lo hacemos todos unidos.)