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lunes, 12 de mayo de 2014

Hablando de una amistad lejana.

No sé qué es más doloroso: si desear tenerte o tenerte para luego dejarte ir. Porque cuando deseaba que estuvieras a mi lado era todo tan bonito, tan idealizado, tan sumamente perfecto. Pero puedo considerar que cuando al final dejé de tenerte a kilómetros y te tuve a centímetros fue sumamente mágico. Los abrazos, las bromas, las risas. Simplemente todo. 
Pero todo acaba, y algunas veces más rápido de lo que quieres que sea. Y ahí está mi frustración. Ahora que te he tenido a mi lado aunque solo fueran unos instantes alimentan mi alma con una dosis de extrema nostalgia y melancolía. 
"Te echo de menos." será la frase que más he repetido desde el último instante en el que nos separamos, aparte de las mil y una maldiciones que han salido de mi boca debidas a la distancia.
Los kilómetros se hacen duros en todas las relaciones, siempre es así, y por mucho que lo intentes, todo duele. Duelen los recuerdos, duelen las esperanzas, duelen los sueños aún por cumplir con esa persona. Pero dejar los sueños fluir, aunque duela, no está tan mal. Porque no voy a dejar de soñar con la vida que he imaginado en mi cabeza juntas. La idea de poder hacer mil cosas en un futuro, cosas que ahora no podemos, como ir haciendo el loco por la calle cada mañana o correr bajo la lluvia. Y ahora simplemente hay que dejar que la amistad siga un curso más cercano, que seguirá, no sé cuándo, puede que en años, en meses o incluso en otras vidas. 
¡Y decían que el amor hacia una pareja es más bonito que la amistad! Las parejas vienen y van, pero los verdaderos amigos siempre se quedan.