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domingo, 9 de marzo de 2014

Pesadillas.

No recuerdo muy bien cómo llegué aquí. No me acuerdo de hacia dónde iba este tren que parece no tener ni un lugar de ida ni de retorno. Está perdido en las inmensidades del mundo, tanto como yo, quizás, por eso soy su pasajera, supongo.
Escucho a alguien hablar, pero sus palabras parecen estar tan lejanas que son realmente indescifrables. Son como los susurros, cuando los escuchas te pones nervioso, ya que no sabes lo que están diciendo y te mata la curiosidad.
Me levanto, pero enseguida tropiezo. ¿Cón qué? No lo sé. ¿Con mi dignidad, tal vez? ¿Con mis penas? ¿Con mi dolor? 
¿Seguro que esto no es un sueño? O mejor dicho, ¿una pesadilla? ¿No es simplemente eso, un sueño, algo que solamente ocurre en mi mente? Tal vez. O tal vez no.
Estoy realmente perdida en un laberinto. Busco y busco, pero no hay salida. Ni hay gente. No hay nada, ni nadie.
Entonces, ¿qué es esto? ¿y las voces? ¿y todo? 

— Simplemente, ya no hay nada. Tampoco hay nadie que pueda traerte de vuelta. Estás perdida... Estás... Estás muerta. — dijo una voz fría y firme.

Y en ese instante, mi cuerpo tocó el suelo, pero era blando, muy blando, y entonces fue cuando abrí los ojos de una vez. Había sido una pesadilla. Otra vez. 
Un escalofrío me recorrió lentamente la espalda. Había sido totalmente real. Lo sentía, lo intuía, pero no lo supe hasta que vi entre mis manos un pequeño papel arrugado en el que ponía: "Ganaste esta vez, pero no ganarás a la siguiente."
Y así fue el comienzo de mis noches de insomnio. 

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