Ese sentimiento de "especialidad", por llamarlo de alguna manera cuando consigues que aquella persona a la que siempre perseguiste te hace caso, aunque sea una milésima de segundo.
Esa sonrisa que te ilumina el rostro al pensar que conseguiste algo muy difícil de conseguir y que solo conseguías en tus más inalcanzables sueños. Esa euforia, la adrenalina que recorre tus venas, ese momento de éxtasis que nunca cambiarías por nada del mundo.
Las cosas se consiguen tras mucho esfuerzo y dedicación, dicen. No siempre temprano, pero tampoco tarde. Sólo hay que saber esperar y encontrar el momento. Tu momento.
Oh, no sabéis lo que es esto. Sentirte alguien para tu alguien, ya sabes. Sentirte... Sentir como si fueses capaz de destruir el diamante.
¿Sabes qué? Me gusta esta sensación. Y me gustaría encerrarla en un tarro y vivirla cuantas veces quiera, y te aseguraría que abriría el tarro millones y millones de veces, y nunca me cansaría. Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, he dicho.
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