Izquierda, derecha, vertical y transversal,
arriesgo mi vida en juegos de azar.
Cuestiono las cartas de los otros
a la vez que intento engañarlos a todos.
El principal engañado: yo mismo.
Soy un intento fallido de ser vivo,
me dejé caer en las redes de la lujuria,
la avaricia, la ambición y ahora todo son penurias.
Pero la venda sobre mis ojos me deja una visión parcial,
pues la magnitud de mi desgracia es bestial.
He perdido el norte, mi soporte.
Y ahora solo soy un castillo en ruinas.
Doble As a mi favor,
pero él tiene escalera de color.
Miro el tablero.
Se llevan mis fichas,
como el juego se ha llevado mi dinero, mi cordura y mi vida.
Tan solo unas cartas,
unos míseros trozos de cartón que poco abarcan
han hecho que pasara de estar en la cima
a ser quien pide limosna en la esquina.
Y aún así trato de convencerme
de que los milagros existen,
cuando milagro sería que
me acogieras en tus brazos esta noche.
Gran texto ^^
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