Tu cabeza, paraíso mental. Tan enrevesada y fascinante como el más complicado de los trabalenguas para un niño pequeño. Fuente de alimentación para mi curiosidad. Para mis sueños. Para mi felicidad.
Una muralla de cristal inexpugnable. Frágil pero que a la vez solo deja ver lo que que quieres que vea. Desesperación infinita es lo que me entra al no poder atravesar ninguno de sus rasguños.
¿Dónde estuviste aquellas noches en las que nadie durmió? Te estuve esperando, con la mirada esperanzada y una sonrisa que el tiempo apagó. Te eché de menos, y yo aún me pregunto dónde te metiste y si tú también querías verme.
Mente caprichosa la tuya. Intenta tenerme pero a la vez quiere tenerme lejos. Y yo que tan solo quiero explorarla... Déjame.
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