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miércoles, 14 de mayo de 2014

77.

— Me pregunto qué ha sido de mí. Me perdí entre las lágrimas y los miles de llantos desgarradores en el baño. Quiero volver a ser quién yo era. La chica de antes. La chica que se hacía la dura por fuera pero luego era un trozo de pan. La chica descuidada y la cual pasaba de los problemas. ¡Y pensar que yo un día fui así! ¡Qué buenos días aquellos, en donde mi mente no me destruía (o al menos no tanto) y las palabras de los demás no se me clavaban como puñales! Esos días en los que me miraba al espejo y no me despreciaba. ¡Esos estupendos días! Me estoy hundiendo y ya hace tiempo que soy consciente de ello. Y lo noto pero no hago lo posible por no ahogarme. Sé que puedo hacerlo pero sé que no tengo oportunidades. Todo está negro. Y hace frío. No sabía lo que era rozar las profundidades del mar, pero gracias a todo esto ya lo sé. Mañana me levantaré y todo seguirá igual, yo lo sé. Seguiré odiando a todos, odiándote, odiándome. Y las cicatrices seguirán allí. Tan profundas que queman. Y mi asqueroso cuerpo igual. 
— Y entonces, ¿por qué no intentas cambiarte? — me preguntó él, que había permanecido callado y con la mirada fija en mí todo este rato.
— ¡Cambiarme, dice! ¡Como si eso fuese tan fácil!
— Si llegaste a estos extremos y cambiaste, entonces cambiar te resultará mucho más fácil que todo esto.

Y por primera vez en toda la conversación, enmudecí. No me salían las palabras, pero sabía que tenía razón.