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viernes, 4 de abril de 2014

Noche vs día

Si la noche fuera una persona, seguramente me casaría con ella. Porque solo con ella he compartido momentos llenos de sentimientos contradictorios. Porque ella sabe quién soy, qué pienso, qué me ocurre. Porque he llorado, reído, soñado y chillado y ella ha sido la única que lo ha percibido.
¿A quién no le gusta la noche? Al principio, de pequeños, tratamos a la noche y demás como algo malo, debido a la oscuridad, y al día como algo bueno, ya que hay mucha luz, pero después, te das cuenta de que las cosas son al revés. El día es el período en el que finges que estás bien, en el que sonríes aunque por dentro estés llorando, pero luego con la noche te sinceras y acabas expulsándolo todo de ti mismo. Es decir, que la noche saca de ti toda tu esencia, liberándola, ya que no lo has hecho durante el día. 
¿Quién no adora las noches de insomnio hablando con aquellas personas que se quedan expresamente por ti para hacerte compañía y echar unas risas? ¿Y las noches de luna llena? ¿Y esas noches en las que el aire frío trae olor a húmedo? ¿Y esas noches de verano en las que hace un calor insoportable y te quedas despierto mirando las estrellas? 
La noche tiene cosas buenas. Al igual que el día, que tampoco es tan malo, después de todo, porque, ¿a quién no le gustan esas mañanas en las que el sol está radiante y las empiezas con música a todo volumen? ¿Y la brisa suave que te recorre el alma durante las mañanas de primavera? ¿Y las tardes grises en las que te quedas en casa escuchando música mientras escuchas la lluvia caer? 
Pero, por último, diré que a pesar de todo, siempre amaré la noche. Siempre. 

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