Me pasé toda la vida haciendo pactos con el diablo para librarme de aquellos monstruos que se metían debajo de mi cama y hacían que se consumiese mi vida lentamente mientras dormía, pero ni siquiera él pudo. Ahora no queda mucho de mí. Sólo soy un saco de huesos junto a un montón de carne putrefacta, y desearía poder volver al pasado y luchar contra ellos, con mi espada, como el más noble de los caballeros andantes, salvo que yo no soy un hombre, pero tampoco soy tan dulce y delicada como las damiselas. Era una mujer, sin más. Y por eso no pude combatirlos, porque yo no era nada, y no podía luchar contra ellos y el diablo me engañó con uno de sus trucos, como a la mayoría de los humanos, pero es que yo deseaba que yo no fuera como esos humanos, ¿sabías?
¿Y qué por qué hablé con el diablo? Porque ni los más poderosos dioses pudieron hacerles frente tampoco. Nadie podía, y maldigo el día en el que me acosté en aquella cama, tan suave, tan mullida, tan apetecible. Era la trampa perfecta para alguien como yo.
Desde ese día odio ser tan ilusa, tan tonta, tan... tan yo. Quiero volver a la vida de nuevo, aunque eso implique ser yo de nuevo, con mis virtudes y mis defectos.
¡Recuerdo esos días en los que me quejaba de mí! ¡Qué estúpida era y qué estúpida soy! Me quejaba y ahora daría lo que fuera por volver a respirar una bocanada de aire. Daría todo por volver al pasado y decirle a mi yo del pasado que luche contra los monstruos en vez de pedir ayuda a la gente, porque ellos nunca ayudan, ni nunca ayudarán. Muchas guerras las luchamos solos, y he tenido que morir para darme cuenta. Y eso es lo que me hace tan idiota.
Necesito que alguien me devuelva lo que tenía. ¡Monstruos, venid!¡Devolvedme lo que es mío! No quiero perder la cabeza (si es que no la he perdido ya) observando la vida con mis propios ojos, porque no sabía que la vida iba a doler tanto si yo no estaba en ella.
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