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lunes, 26 de mayo de 2014

81.

Y me ahogué entre todas mis mentiras. Y entre todas mis falsas sonrisas. Y ya de tanto mentir todo perdió sentido. Ya no sabía qué era cierto y qué era mentira. Mi corazón estaba confuso. Mi mente estaba confusa. Todo era un caos. 
Pero mentir es parte del ser humano. Podrá ser uno de los diez mandamientos, pero mentir está en la sangre. Es parte de nosotros. Todos somos, por naturaleza, unos puros mentirosos. Nunca podemos mostrarlo todo, y nos da por escondernos, por esconderlo todo. ¿Y qué hacemos? Lo cubrimos con una bonita capa de color rosa pálido también conocida como mentiras para que nadie perciba nada. Y de tanto ver el pastel, tan rico, tan rosa, tan bonito, acabamos comérnoslo, y con ello acabamos creyéndonos nuestras propias mentiras. Las hacemos parte de nuestro ser, de nuestra esencia. Por eso digo que las llevamos en la sangre. Porque forman parte de nosotros. Y no pueden ser controladas. Saben nuestras debilidades. 
Y por eso ellas saben que tú eres mi talón de Aquiles. Saben que no puedo resistirme a ti, y me juegan una mala pasada. Quieren que te falle, que te mienta, y créeme que estoy luchando, pero ya sabes que no es fácil. No sabes lo usada que me siento. Y lo peor es que es por algo que no puedo controlar y que llevo en mis entrañas. Así que, perdóname, perdóname si te fallo. Perdóname si las mentiras me vuelven a usar para volver a hundirme más en este sucio y oscuro pozo.
Espero que no huyas al leer esto. Solo necesitaba avisarte de lo que soy capaz de hacer. No todos podemos llegar a ser buenos y perfectos, y siento de verdad no serlo.

Firmado por: El alma que será siempre tuya, aunque siempre llena de debilidades y controlada siempre por ellas, las mentiras.

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