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martes, 25 de marzo de 2014

Esa soy yo.

La chica de la sonrisa fingida y la mirada cansada. La de las continuas lágrimas en sus ojos llenos de ojeras y unos cascos siempre introducidos en sus orejas. La chica en la que nunca te fijarías aunque pasaras a su lado. La de la voz desgarrada por tanto chillarle al silencio. Esa soy yo. 
Demasiado dolor, drama y decepción para este pobre corazón. Demasiada música para llenar a esta alma tan vacía. Demasiada soledad. 
¿Sabes qué? Que yo no elegí esto. El destino lo escogió, como quien elige algo con los ojos vendados. Azar. Pura suerte.
¿Y por qué esto? ¿Quién lo eligió? Quiero cambiarlo, deshacerlo todo, despertarme una mañana y descubrir que nada es igual. Que yo no soy la misma, quizá más guapa y delgada, no sé, mi prototipo de chica ideal, con mis buenas virtudes y unos cambiados defectos, pero diferente; y que la gente de mi alrededor sea más amable, más simpática, más cálida, no tan cruel y despiadada. Y sobretodo, quiero dejar de ser invisible la mayor parte del tiempo y aparecer solamente en determinadas ocasiones.
Estaría bien vivir en un mundo que tú hayas elegido y no en este mundo que te ha elegido y te ha convertido en lo que a él ha querido. Pero me temo que a esta chica le tocará seguir soñando con todas estas cosas, y asumir que el destino es demasiado caprichoso. Pero bueno, no todo es malo, al menos no mientras no me hayan arrebatado el mundo de mis sueños en el que yo soy lo que quiero ser y sucede lo que yo quiero que ocurra. 

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