Y un día te das cuenta de que todo se ha ido, y que probablemente no vuelva. Y te culpas a ti mismo de haber desperdiciado el tiempo de esa manera.
El tiempo. Tan efímero. Siempre lleva prisa, siempre va corriendo, nunca se detiene, por mucho que tú lo desees.
Tan traicionero. Tan ruín. Tan beneficioso cuando quieres olvidarte de todo y de todos los que un día lograron herirte.
El tiempo, algunas veces tu mejor amigo o el más terrible de tus enemigos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario